Esta crónica periodística anhela transmitir con precisa rigurosidad la maravillosa historia de un emprendimiento comercial que se convirtió en abrigo, bandera, sentido de pertenencia y construcción colectiva de una pasión. Una inagotable fábrica de sueños futboleros diseñados en diferentes gamas de colores sobre una segunda piel, segunda piel a la que muchos llamamos camiseta.
“Si el fútbol es un arte, entonces soy un artista”
George Best
Quienes nos consideramos fieles seguidores del fútbol marplatense, observamos en estos últimos años una innumerable variedad de diseños de camisetas, alegre multiplicidad de colores que visten de gracia y encanto a numerosos equipos de la ciudad. Lejanas y distantes a los aburridos uniformes de los años fundacionales. Camisetas ajustadas o levemente entallas al torso, festivas, inmaculadas, originales, emblemáticas, todas merecedoras a simple vista de un amor irrenunciable.
Al intentar desentrañar la afectuosa matriz creativa de los responsables de la confección de las mismas, – Germán Cerro, Sandra y Germán Gerez– , uno descubre en cada uno de ellas el sutil encanto de un picado de barrio, la nobleza y el espíritu de quienes viven apasionadamente el fútbol pegados al alambre olímpico, y sobre todo el virtuosismo de quienes juegan grandes ligas sin olvidar jamás los códigos del potrero.
Sandra, balcarceña, oriunda de San Agustín, maestra jardinera, ferviente simpatizante de su amado Atlético y Amigos Unidos, excelente relacionista pública y responsable de la logística operacional de la empresa.
German Cerro, esposo de Sandra, ex futbolista, nacido también en los pagos de Juan Manuel Fangio, diseñador gráfico, la usina artística de cada proyecto, un fantasista que piensa cada camiseta con la impronta de su talento para convertir la pantalla de su computadora en una varita mágica.
Germán Gerez, hermano de Sandra, cuñado de Cerro, sanagustinense, serigrafista, responsable del trabajo que se comercializa en la zona. Crack y referente en los años noventa del club que hoy preside: Amigos Unidos de Balcarce,
Tres trabajadores incansables, sencillos, humildes, cálidos, siempre con un trato ameno y cordial hacia cada uno de los clientes, acaso, una marca registrada, un valor irrenunciable de identidad, un auténtico sello identitario de Gsport. Soñadores que casi sin proponérselo dieron vida once años atrás a un proyecto laboral que se convirtió de la mano de los clubes marplatenses en una de las principales empresas dedicadas a la confección de indumentaria deportiva de la provincia de Buenos Aires.
“Empezamos casi como un juego. Mi hijo Facundo formaba parte de la categoría 1996 de Libertad y decidimos crear nuevas camisetas para el equipo. Con poca experiencia, de manera muy artesanal, sin máquinas, utilizando técnicas muy antiguas, diseñamos un modelo que gustó mucho, fue un boom inesperado. A partir de allí, el presidente del club, Diego Giamberardino, una gran persona, quien confió en nosotros desde el primer día, nos pidió que vistiéramos a todas las divisiones”-recuerda Sandra, vocera elegida para afrontar la entrevista.
A partir de aquella impensada primera experiencia textil llegó la propuesta de Racing para rediseñar y confeccionar juegos completos para para todo el fútbol Académico. Tres años después, Facundo, dejó Libertad y se sumó a la plantilla de Independiente de Mar del Plata, donde fue futbolista de quinta división y profesor de una de las categorías menores de la institución de la calle San Juan.

“Independiente fue una bisagra para nosotros, el club nos abrió muchísimas puertas, fue una vidriera. Allí conocimos a Marcelo Espinosa, quien era padre de uno de los compañeros de Facundo. A él queremos dedicarle un párrafo especial, porque fue quien nos acompañó y nos permitió desde su confianza dar un verdadero salto de calidad en el diseño de camisetas. Además, comenzamos con Independiente a trabajar con máquinas específicas, más sofisticadas y nos largamos a realizar pantalones, camperas, buzos, rompevientos, y accesorios”.
La novata PYME de las familias Cerro y Gerez comenzó a ganar clientes, que no solo valoraban la calidad del producto final, sino que también destacaban la condición humana de sus propietarios y el trato personalizado y pormenorizado hacia cada uno de ellos.
“Nosotros tenemos el orgullo de haber vestido a Unión de Mar del Plata en la B Nacional. Cacho Pagano nos eligió por encima de muchas empresas nacionales, apostó por nosotros, él decía que una marca marplatense debía acompañar a un equipo marplatense. Fue muy emocionante leer Gsport en un cartel luminoso o en la estática televisa del estadio José María Minella. Es más, nosotros en lo previo habíamos diseñado una camiseta para la vuelta olímpica de Unión en Junín, como también lo hicimos luego con Aldosivi en el partido que lo puso en primera división. Los dos juegos de remeras alusivas al ascenso estuvieron guardados por cábala hasta el final de cada partido, y tras los triunfos obtenidos fueron utilizadas por jugadores, dirigentes y simpatizantes. En definitiva, nuestra marca fue un amuleto de buena suerte también”.
El taller es una especie de templo sagrado, un santuario futbolístico por el cual desfilan a diario entrenadores, utileros, periodistas, jugadores y ex jugadores, preparadores físicos y dirigentes. Una vez por mes Gsport, cuando la pandemia lo permitía, era la casa anfitriona de una peña futbolera donde cada uno de los invitados, muchos con una extensa y destacada trayectoria profesional, discuten apasionadamente sobre la realidad del fútbol lugareño. El mítico e inefable Luis Ávila, entrañable y emblemático utilero de Alvarado, fue proclamado por unanimidad presidente de la misma, merecido homenaje para uno de los personajes que conoce como pocos los secretos de una camiseta.
Sandra me confiesa que los arqueros son las vedettes de los equipos. “Ellos exigen una atención personal y diseños exclusivos. El Loco Mauro Beltramella, como otros guardametas, nos pedía la ropa a medida y con detalles y trazos específicos”.
El goleador Cristian D Addato es uno de los clientes preferenciales de la PYME, un artillero que gusta agasajar a sus afectos regalándoles camisetas que él vistió en los numerosos clubes que requirieron de su interminable oficio de romperedes.
“En la actualidad casi un centenar de clubes eligieron a Gsport para diseñar y confeccionar toda su vestimenta deportiva. Nos sentimos orgullosos de haber vestido a las selecciones de fútbol y de básquet de Mar del Plata. Tenemos equipos barriales, comerciales, sindicales, escuelitas, planteles de básquet, de hockey y de vóley. Nuestra empresa familiar también es generadora de empleo para otras familias, por ejemplo quienes realizan la costura de telas entre otras actividades específicas. Aquí cuidamos a cada uno de nuestros clientes, porque perderlos es dejar sin trabajo a muchos”.
Sobre el cierre de la entrevista Sandra me pide que no olvide algunos nombres que resultan indispensables desde el afecto y desde lo laboral. “Mi amiga Patri, Leo, Mati, Valen, mi sobrino Francisco y Braian, ellos son los que estuvieron y están siempre, trabajando codo a codo con nosotros”.
Transcribo una desopilante definición del Negro Roberto Fontanarrosa sobre la belleza de la camiseta de Chacarita. “La camiseta de Chacarita tiene, si se quiere, un toque de sofisticación, de ingenio. Y yo creo que ese toque reside en esa línea finita, blanca, que se ha colado entre las rojas y las negras, más anchas y prepotentes. Esa línea delgada y blanca aporta un trazo de distinción, brinda luz, relieve, cierto brillo. Tiene algo de capricho, además, al ser más finitas que las otras y marca la diferencia, por otra parte con las miles y vulgares camisetas a franjas verticales de sólo dos colores. Y lo hace, puntualicemos, en la medida justa, sin complicar la imagen de la divisa funebrera a punto de convertirla en una señal de ajuste televisiva o en un simple código de barras. Y es por sobre todas las cosas – y a esto quiero llegar, mis amigos -, una camiseta de fútbol, una pura y elocuente camiseta de fútbol”.
La mirada de Fontanarrosa y el elogio a la casaca funebrera me permite aventurar una puntillosa reflexión al respecto. Las camisetas de fútbol deben tener siempre, o al menos ese debe ser el criterio de quien las diseña, un toque de sofisticación, de ingenio, algo de capricho, y por sobre todas las cosas deben ser una pura y elocuente camiseta de fútbol.
Hace once años, en Mar del Plata, un puñado de soñadores, con ingenio y con una pizca de capricho, hacen gala de un talento único: arropar con telas de colores una pasión. Una empresa familiar que reivindica en la relación comercial con sus clientes el buen trato interpersonal. Gsport, una empresa que comenzó a jugar grandes ligas sin renunciar a los códigos del potrero.
Mario Giannotti