Fue tan bello vivir cuando vivías

Fue tan bello vivir cuando vivías

El Turco Osvaldo Wehbe falleció ayer a la tarde luego de dos semanas de internación por un Accidente Cerebro Vascular (ACV) que había sufrido el domingo 26 de julio. Fue la voz interior de las cosas simples, un maestro del relato deportivo, un hombre digno.

14 de agosto de 2020

 “La radio da la sensación de tener el mundo en las manos”

Héctor Larrea

 

Maldigo el silencio, maldigo la muerte, maldigo la pena. Maldigo este nudo en la garganta. Ayer por la tarde alguien le arrancó a la radio de mi infancia ese entrañable vozarrón cordobés que hacía que el paisaje futbolero fuera mucho más bonito. Alguien giró con brutalidad las perillas y quitó del dial a uno de mis héroes predilectos. Alguien le dio un puñetazo al parlante y acalló el grito de gol de un artista radiofónico inigualable, único. Alguien dejó caer los cortinados sobre el escenario antes de tiempo, mientras mi actor preferido, micrófono en mano,  improvisaba los últimos versos de su obra cúlmine.

 

Maldigo la bronca, maldigo la angustia, maldigo esta estúpida catarata de frases  hechas  que parecen empecinarse en explicar lo inexplicable. Ayer una parte mi vida se fue con ese entrañable parlanchín que me embelesaba desde el majestuoso encanto de sus cuerdas vocales. Deslenguado, exagerado, divertido, inteligente, sensiblero.

 

Maldigo su ausencia, maldigo el lapidario y hostil paso del tiempo, maldigo estas lágrimas. Ayer alguien nos quitó el aire, nos arrebató su dicción pulcra y cuidada, su vocabulario amplio y proverbial, sus construcciones metafóricas a flor de piel, sus muy certeras  reflexiones filosóficas, su capacidad para graficar desde el corazón y el intelecto una pasión que lo desbordaba. Pura pasión de un hombre de tierra adentro.    

 

Maldigo estar lleno de palabras inútiles que parecen decir cada vez menos. Maldigo extrañar ese relato que primero se adosaba a la piel, que luego navegaba torrentosos caudales sanguíneos hasta que se convertía en llaga que quemaba en el pecho, llaga que apretujaba el corazón, que se multiplicaba por miles, que contagiaba, que emocionaba, llaga que era un corazón en la garganta, ilusión que trepaba jubilosa las cuerdas vocales,  voz interior que encendía la utopía, grito de gol  que le daba identidad a un profundo sentimiento compartido.

 

Maldigo escribir esta crónica. Maldigo volver a los viejos sitios donde amamos la vida y descubrir que los afectos más cercanos ya no caminan a nuestro lado. Escribo estas líneas, una vez más, aferrado a un recuerdo  de mi infancia que tozudo resiste el paso del tiempo.

 

Maldigo admirado Maestro Osvaldo Wehbe redactar estas líneas para agradecerte con el alma el haber sido uno de los pilares fundamentales  de mi vocación periodística, el haber edificado desde la radio los paisajes más bellos de mi vida. Gracias querido Osvaldo por hacernos desde tu generosidad literaria mejores personas,  por embellecer nuestros días, por hacernos sentir desde la radio esa maravillosa sensación de tener el mundo en las manos. Sin lugar a dudas, como escribió Pablo Neruda,  fue muy bello vivir cuando vivías

 

Mario Giannotti

 

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