Periodistas especializados en deportes, ninguneados, a veces despreciados por la crítica absurda y hostil de quienes creen que su pluma y su decir merecen un lugar de privilegio en la consideración académica.
Dedicado a los maestros que nos marcaron un camino a seguir y aún resisten estoicos, dedicado a todos los pibes que recién empiezan y desde sus jóvenes conocimientos nos acompañan, nos ayudan y nos permiten seguir aprendiendo.
7 de noviembre: Día del Periodista Deportivo en Argentina. Periodistas especializados en deportes, los más escuchados, los más leídos, la gran mayoría trabajadores no registrados, en negro, otros cobrando salarios indignos, monotributistas, y los más pibes mano de obra gratuita de un puñado de pillos que sacan provecho y abusan de quienes aman lo que hacen y suman horas de vuelo en la profesión apuntalados en una incondicional pasión que los desborda.
Periodistas especializados en deportes, ninguneados, a veces despreciados por la crítica absurda y hostil de quienes creen que su pluma y su decir merecen un lugar de privilegio en la consideración académica.
En la actualidad la disputa ideológica y política partidaria exacerbó con virulencia el debate dialéctico entre varios comunicadores y potenció algunas rispideces preexistentes.
Hace algunos años un sector de la prensa denigra y ataca ferozmente al mismísimo Víctor Hugo Morales y ensayan una y otra vez, casi hasta el hartazgo, un pregón hiriente y peyorativo: “ese relator, ese periodista deportivo”. En realidad los que intentan de esta manera descalificarlo se exponen y dejan entrever que muchos de ellos no han transitado ni un cinco por ciento del frondoso camino intelectual de Víctor Hugo, en algunos casos, ni siquiera han leído un libro que los acerque al debate periodístico o cultural con él. .
Víctor Hugo, mi maestro, mi gestor vocacional en el periodismo, estableció nuevas pautas estéticas, marcó un rumbo diferente, mostró con buenos ejemplos «que ser periodista es menos que nada si la profesión no sirve para elevar el nivel cultural de las personas, que ser periodista es menos que nada si la profesión no despierta constantes desafíos intelectuales.»
Cierta vez tuve la fortuna de entrevistar al entrañable Horacio García Blanco, uno de mis grandes héroes de la radiofonía de pueblo. Todavía perduran en mi memoria aquellos relatos épicos desde el Luna Park junto a Osvaldo Caffarelli, una combinación perfecta entre dos hombres totalmente distintos. Eran como el agua y el aceite, pero sincronizados funcionaron de manera perfecta.
Horacio solía repetir un latiguillo que lo definía como profesional. “Yo soy periodista, bueno o malo, mediocre o como fuere y me molesta mucho cuando algunos de manera despectiva dicen que solo soy un simple periodista deportivo. Yo soy periodista. ¡Periodista!
Al Gordo García Blanco no solo lo discriminaban por ser periodista deportivo, la imbecilidad y la brutalidad de los años 90´ lo dejaron fuera de la cobertura de un Mundial por que decían los menemistas propietarios de los medios que era un tipo feo. Después, el corralito de Domingo Cavallo le aceleró un cáncer y lo mató.

Vaya paradoja, el Gordo bueno está muerto y el responsable, junto a otros, de la peor crisis socio económica de la historia de nuestro país, da cátedra de economía y los avezados periodistas que creen estar un escalón por encima del resto de sus colegas, aun lo entrevistan con placer y cómplices redimen su imagen
Horacio García Blanco fue la voz de los canillitas, de los burreros de los asiduos visitantes de los cabarets, de los tipos de la popular. Quien sabe, tal vez, ahora, lejos, no tan lejos, comparta un vermut con el viejo Osvaldo Ardizzone, también periodista especializado en deportes, poeta.
¿No ve que arriba hay un cielo azul y un rebaño de nubes de algodón y abajo esa muchacha de vestimenta azul con los ojos cargados de aventura?¿Por qué, es que usted se apura tanto, señor?¿No ve que anda la vida?
Ya estamos al borde del Borda… De tanto correr, no vemos ni medio.
La vida, el tiempo, se te piantan como los árboles del camino al paso del tren de la infancia…En esos años en que nunca supe qué era la prisa, la urgencia, los objetivos, las metas, eso de aprovechar el tiempo.
En cambio, ahora me atemoriza, me desconcierta, esa descontrolada y ambiciosa necesidad de llegar, de ganar, de alcanzar, de poder, en esa angustiante alternativa del ahorro o nunca…
¿Te acordás, de aquellas caminatas sin rumbo por las calles quietas del atardecer, charlando de cualquier cosa, de nada quizá, de todo, tal vez, pero con el tiempo para mirarnos a los ojos, para conocernos por dentro, para cambiarnos las esperanzas limpias, los sueños de alas cortas…?
Puteando, por ahí, contra la vida, pero queriéndola a tu manera, al menos con el techo seguro, con un fin de mes sin angustias, sin berretines de hacerte rico, sin soñar con el BMW, ni la pantalla color”.
¡Sí señor, periodistas deportivos! Somos orgullosos periodistas especializados en deportes, orgullosos periodistas que alzamos nuestras banderas para reinventar día a día sueños y utopías, haciéndonos eco de aquello que alguna vez dijo el maestro Dante Panzeri “El periodismo, es el cumplimiento de la obligación de enseñar a pensar a la gente. Ni más, ni menos”.
Periodistas que enfrentamos a diario la idiotez de quienes nos quieren solo voceros de una pelotita. ¡Che hablen solo de fútbol, de básquet, de tenis, de la pelotita!, vociferan algunos fulanos, ofendiendo nuestra inteligencia, deseando que solo seamos un idiota más en el patético circo de los medios, un idiota que no moleste, que no los obligue a pensar, un idiota que solo sepa, por ejemplo, que el tres de Temperley no juega el próximo partido porque llegó a la quinta amarilla.
Mario Giannotti