La radio, donde los paisajes son siempre más bonitos

La radio, donde los paisajes son siempre más bonitos

27 de agosto: día de la radio. Las perillas apenas giran y el dial recorre a los tirones las distintas emisoras. Mi radio de la infancia es negra, con algunos detalles plateados, solo se alcanza a leer Noblex, las otras letras han desaparecido, el parlante está hundido en el centro y la manija sobrevive gracias al aporte invalorable de la cinta adhesiva.

27 de agosto de 2019

“Estoy ahí.

Ya sé que no pero yo estoy ahí

sí el tipo de la radio me lo cuenta

remonto en cada gol una cometa

Ya sé que no pero yo estoy ahí”

 

Tabaré Cardozo

 

Todavía descansa sobre la fórmica barata de un viejo aparador. Allí está, es la radio de mi infancia, tiene tantos golpes como remiendos. En realidad nunca fue tan portátil como rezaba el eslogan publicitario. Las perillas apenas giran y el dial recorre a los tirones las distintas emisoras. Mi radio de la infancia es negra, con algunos detalles plateados, solo se alcanza a leer Noblex, las otras letras han desaparecido, el parlante está hundido en el centro y la manija sobrevive gracias al aporte invalorable de la cinta adhesiva. Como corresponde no tiene antena, se quebró un domingo a la hora del fútbol y desde entonces nadie intentó repararla. Ah, me olvidaba, llevaba cuatro pilas grandes y solo sintonizaba el programa favorito cuando un escarbadientes era ubicado entre la unión de la parte delantera con la trasera. Cosa e’ mandinga, porque nunca pudimos entender este mecanismo, ¿Sería tal vez la tan mentada magia de la radio?.

 

Allí está, humilde, pobre, ansiosa. Todavía descifra sueños desde la fórmica barata de un viejo aparador. Eso sí, hoy no necesito treparme a una silla para encenderla, estamos casi a la misma altura. La tomó de la cintura, jamás de la manija, la cinta adhesiva no resiste su peso, la apoyo sobre mi hombro derecho y juntos salimos a recorrer el barrio, a caminar sobre veredas desparejas y calles de tierra.

 

La primera cuadra la hago Rapidísimo, Héctor Larrea me indica el camino. Cerca, dos locutoras pura carcajada, el Doctor Pueyrredón Arenales, Mario Sánchez y Carlitos Russo.

 

Paso por el potrero y escucho voces conocidas. «LS5 Radio Rivadavia conjuntamente con las emisoras que componen la cadena de la amistad deportiva, tienen el gusto y el agrado de presentar: fútbol pasión de multitudes, con el relator de América José María Muñoz«. La Oral Deportiva desmenuza la jornada dominguera, Roberto Ayala suma goles a la estadística, Dante Zavatarelli le pone un moño al partido, García Blanco grita desaforado: ¡Ganó el mío Muñoz, ganó el mío Muñoz! El Gordo Muñoz se anticipa al telebín y presagia que el balón está a 25 metros de la valla que defiende Gibaudo. Juan Carlos Morales vuela y déjelo volar. Señores, no hay arrugue de barrera, porque hay una pila de vida.

 

La pelota descansa en la zurda endiabla de un atorrante medias bajas y camiseta fuera del pantalón. Víctor Hugo Morales le recita un poema y su voz se trepa al cielo junto a un barrilete cósmico. Un vozarrón es el  prefacio, el prólogo de Sport 80, «Si hay un dios de todos los domingos.”, arremete un talentoso Alejandro Apo. Mitre ganó la pisadita y eligió a los mejores: Víctor Hugo, Néstor Ibarra, Juan José Lujambio, Adrián Paenza, Marcelo Araujo, Fernando Niembro, Diego Bonadeo, Ricardo Scioscia, en definitiva un equipazo.

 

A la distancia Juan Alberto Poteca grita un gol necochense. Cruzo el charco, es la Hora 25, el Toto Jorge da Silveira comenta, Carlos Muños relata, Omar Galo Machín vende y como vende. Recuerda:» Que buena, que buena está la Canaria, yerba la Canaria, la mejor yerba del mundo».

 

Sigo Carburando ideas y Cacho González Rouco despierta otra pasión dominguera. ¡Adelante el avión, adelante el avión!, ¡Tres, dos uno top, top, para Oscar Castellano!

 

No hay caso Antonio Carrizo, la radio es la Vida y el canto, algunas Confidencias para el Negro Daniel Rosas y una pasión del interior del interior para el Turco Osvaldo Whebe. Sigo Haciendo camino con Carlos Rodari, me subo al Trencito de la alegría y dejo mi tarjetita de cumpleaños. Parece que es Demasiado tarde para lágrimas, Alejandro Dolina tira los dados y despierta a Adolfo Castello, en tanto,  Guillermo Stronati interpreta algunas sombras chinescas de un tal Washington Tacuarembó y Jorge Dorio, por su parte, anticipa que : «La venganza será terrible».

 

En cinta, Néstor Couso y el Negro Balmaceda no preguntan cuántos son, sino que vayan pasando. Alguien prende el Ventilador, Faustino García El Rotativo del aire de Radio Rivadavia, Jorge Mondi nos acompaña Minuto a minuto, MarioTrucco y Oscar Gastiarena sirven el café de la media tarde.  Juan Carlos Mareco se suma Cordialmente, Luis María Stanzione mete la Cuchara, y como no podía ser de otra manera Mingo y Semilla amenizan el paseo con algo de música.

 

Las voces me indican el camino de regreso. Tengo poco tiempo, la radio debe volver al viejo aparador de fórmica barata. Mi vieja se queja y repite el sermón: «La radio no es para pasearla por toda la casa». ¿Me podes explicar para que la llevás al baño? ¡No te duermas con la radio encendida! ¡Apagá esa radio querés! ¡No la lleves a la cancha, la vas a perder! ¡Qué sea la última vez que la tirás de esa manera, si es cierto vos sos muy fanático, pero si le rompes la radio a tu padre, no hay ascenso que te salve! ¡Bajate de la silla, deja esa radio en su lugar, que encima te vas lastimar con la punta del aparador! En realidad, a pesar del enojo,  mi vieja me lo decía Todo con afecto.

 

La radio de mi infancia todavía descifra sueños. Ella sabe que estoy perdidamente enamorado, lo sabe, cierta vez le robé un beso en un zaguán desconocido. Eduardo Aliverti me dice que la Radio es la novia de todos, todos se enamoran, todos algunas vez la besaron en la boca, yo no le creo, o en todo caso me resisto a creerle. Igual no pierdo las esperanzas, quizás el día menos pensado pueda robarle el corazón.

 

La radio de mi infancia descansa sobre la fórmica barata de un viejo y destartalado aparador. Cierto es que hoy ya no necesito treparme a una silla para encenderla, porque ella, la radio, ocupa un lugar en mi corazón, debajo de la piel, en el cerebro,  en un lugar mágico donde se cruzan la imaginación y las emociones fuertes, un espacio único donde los paisajes son siempre más bonitos. Y por supuesto un paisaje cercano, conocido, porque como canta Tabaré Cardozo “el tipo de la radio me lo cuenta”.

 

Mario Giannotti        

 

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