Vecinos y comerciantes advierten por la acumulación constante de residuos en una zona de alta circulación. “Es una postal que se repite todos los días”, señalaron, y apuntaron a la falta de respuestas sostenidas en materia de limpieza urbana.
La problemática de los microbasurales vuelve a ganar visibilidad en Mar del Plata y suma nuevos puntos críticos. En esta oportunidad, el foco se sitúa en la cuadra de Salta al 1900, donde residentes y trabajadores de la zona denuncian una acumulación persistente de residuos que deteriora el entorno y complica la vida cotidiana.
Se trata de un sector con intenso movimiento, tanto por su cercanía al macrocentro como por la presencia de comercios y viviendas. Sin embargo, lejos de reflejar una imagen acorde a su ubicación, la cuadra presenta un escenario repetido: bolsas sin retirar, restos de cartón y basura dispersa en veredas y alrededor del arbolado público.
De acuerdo al testimonio de frentistas, el problema no es esporádico sino sostenido en el tiempo. Aseguran que las fallas en la recolección, a cargo de la empresa 9 de Julio, provocan que los desechos permanezcan durante días, generando no solo un impacto visual negativo sino también complicaciones sanitarias y de convivencia.

En ese marco, cuestionaron que, pese al elevado costo del servicio de higiene urbana para la comuna, las soluciones no llegan con la frecuencia ni la eficacia necesarias. Además, remarcaron que situaciones similares se replican en distintos puntos de la ciudad, lo que evidencia un problema estructural más amplio.
El crecimiento de estos focos de basura también es vinculado por vecinos a la falta de políticas sostenidas de prevención, concientización y control. En ese sentido, apuntan a que la problemática se profundizó durante los últimos años de la gestión del exintendente Guillermo Montenegro, donde —según señalan— no se implementaron estrategias eficaces para evitar la proliferación de microbasurales.
Mientras tanto, en Salta al 1900, la escena se repite a diario y alimenta el malestar de quienes viven y trabajan en la zona. La demanda es clara: mayor frecuencia en la recolección, controles más estrictos y políticas de fondo que permitan revertir una problemática que ya dejó de ser aislada para convertirse en una constante en distintos barrios de la ciudad.