El obispo diocesano retomó palabras del entonces cardenal Jorge Bergoglio y planteó una mirada crítica sobre el vínculo de la sociedad con los excombatientes: “Nuestro drama también es la indiferencia”, advirtió.
En el marco del acto oficial por el 44º aniversario de la Guerra de Malvinas, el obispo de Mar del Plata, Ernesto Giobando, imprimió a su mensaje un tono político al poner el foco no solo en el reconocimiento a los caídos, sino también en las responsabilidades pendientes de la sociedad argentina.
Durante su intervención, el prelado inició con una oración dedicada tanto a los soldados que murieron en el conflicto como a los excombatientes, a quienes definió como protagonistas de una lucha que continúa, vinculada a la memoria, la dignidad y el sentido de lo vivido. En ese marco, remarcó que el recuerdo de Malvinas no puede agotarse en una fecha conmemorativa, sino que interpela de manera permanente al conjunto del país.
A pocos días de cumplirse un nuevo aniversario del fallecimiento del papa Francisco, Giobando recuperó un mensaje que Jorge Bergoglio había pronunciado en 2008. A través de esa cita, introdujo una mirada crítica sobre la guerra como “una zona oscura” de la historia nacional que solo encuentra luz en el valor de quienes combatieron, pero que deja expuesta una herida aún abierta.
El obispo subrayó que ese dolor no se limita a las familias de los caídos, sino que atraviesa a toda la sociedad, al señalar que el drama de Malvinas también radica en la falta de empatía y reconocimiento hacia quienes regresaron. En esa línea, cuestionó los rasgos de una cultura que tiende a ocultar el fracaso y a desvalorizar las experiencias traumáticas, en lugar de asumirlas como parte de una construcción colectiva.
Asimismo, retomó la idea de una “deuda histórica” que, según planteó, sigue vigente y solo podrá saldarse cuando cada 2 de abril se convierta en una instancia real de reflexión, fortalecimiento de la identidad nacional y compromiso con la paz.
En el tramo final de su mensaje, Giobando llamó a transformar el reconocimiento simbólico en acciones concretas y a construir una sociedad más fraterna. “Las lágrimas de quienes combatieron deben interpelarnos a todos”, expresó, al tiempo que agradeció a los exsoldados por “no bajar los brazos” y sostuvo que el desafío es avanzar hacia un país con mayor sentido de comunidad.