El debate en el Concejo Deliberante estuvo atravesado por gritos, interrupciones y gestos provocadores que desvirtuaron el sentido conmemorativo de la jornada. Hubo cruces políticos, discursos de alto voltaje ideológico y también llamados a reconstruir el diálogo democrático.
La sesión especial del Concejo Deliberante por los 50 años del golpe de Estado de 1976 dejó una postal marcada por la tensión política, las provocaciones y un clima que por momentos se alejó del espíritu de memoria y reflexión que buscaba la convocatoria.
El inicio ya anticipaba un desarrollo conflictivo. Tras el documento que leyeron representantes de Organismo de Derechos Humanos, el concejal de La Libertad Avanza, Rolando Demaio, abrió su intervención reclamando una “memoria completa”, pero su discurso fue rápidamente interrumpido por gritos e insultos provenientes de la barra, lo que obligó a reiterados llamados al orden.
Sin embargo, el punto más álgido llegó con la exposición del concejal del PRO, Julián Bussetti. En medio de su intervención, exhibió pancartas con imágenes de Cristina Fernández de Kirchner junto a líderes como Nicolás Maduro, Hugo Chávez y Fidel Castro, e incluso referencias al atentado a la AMIA. El gesto, además de algunas frases del edil que nada tenían que ver con la conmemoración, fue interpretado como una provocación por sectores de la oposición y desató una catarata de insultos y recriminaciones dentro del recinto, profundizando el clima de confrontación.
Tras ese episodio, la concejal de Unión por la Patria, Valeria Crespo, buscó reencauzar el debate con un discurso centrado en la memoria histórica. “Los delitos atroces cometidos por el Estado fueron parte de un ataque sistemático contra la población civil, son crímenes de lesa humanidad y por lo tanto imprescriptibles”, afirmó. Además, apuntó al gobierno municipal al reclamar la preservación de los sitios de memoria, en referencia a la polémica por la posible instalación de un local gastronómico en un predio cercano al Faro. También pidió por la libertad de Cristina Kirchner.
El radical Ricardo Liceaga Viñas aportó una mirada histórica con referencias al rol del expresidente Raúl Alfonsín, mientras que uno de los tramos más moderados llegó de la mano del concejal Guido García. “Fue la etapa más oscura y dolorosa del pasado reciente. Hay que reflexionar con responsabilidad sobre el pasado y también sobre el presente que estamos construyendo”, sostuvo, y llamó a “fortalecer el diálogo y el respeto” dentro del propio cuerpo.
Con el correr de la sesión, y en un clima algo más ordenado, el resto de los ediles pudo expresarse. Gustavo Pulti ofreció un discurso con fuerte contenido político y económico, en el que trazó paralelismos entre la dictadura y el rumbo económico actual, mientras que Juan Manuel Cheppi puso el foco en el terrorismo de Estado como parte de un modelo económico y advirtió sobre “un clima de violencia discursiva y descalificación del que piensa distinto”.
La jornada dejó así un balance ambivalente: por un lado, discursos que reivindicaron la memoria, la democracia y los derechos humanos; por otro, escenas de intolerancia, gritos, insultos y provocaciones que opacaron el sentido institucional de la sesión. En ese contraste, quedó expuesta una dificultad persistente de la dirigencia local para sostener debates profundos sin que deriven en confrontaciones que poco aportan al diálogo democrático.