Los ingresos formales crecieron por debajo de los precios en el arranque del año y profundizaron una racha negativa. El deterioro impacta en el consumo, eleva la morosidad y se da en un contexto de mayor desempleo e informalidad.
El inicio de 2026 volvió a dejar a los salarios corriendo desde atrás. En enero, los ingresos de los trabajadores registrados mostraron una suba moderada, pero insuficiente para seguirle el ritmo a la inflación, lo que derivó en una nueva pérdida del poder adquisitivo.
De acuerdo a los datos oficiales del INDEC, los sueldos formales avanzaron en torno al 2% en el primer mes del año, mientras que el índice de precios se ubicó por encima, cerca del 2,8%. Este desfasaje marcó el quinto retroceso consecutivo en términos reales y consolidó una caída acumulada del 7,9% desde el inicio de la gestión de Javier Milei.
El golpe no fue homogéneo. Los trabajadores del sector público resultaron los más afectados, con incrementos salariales más rezagados que los de sus pares privados, lo que se tradujo en una pérdida más pronunciada del poder de compra. En tanto, en el ámbito privado, si bien los ajustes fueron algo mayores, tampoco lograron compensar el avance inflacionario.
El deterioro de los ingresos ya tiene correlato en la economía cotidiana. El consumo masivo sigue sin mostrar señales de recuperación y registró una contracción en febrero, según mediciones privadas. A la par, crece la dificultad de las familias para afrontar sus compromisos financieros: la mora en el sistema bancario trepó a niveles elevados, y fuera de ese circuito —en financieras y fintech— la situación es aún más crítica.
El escenario laboral también suma presión. La desocupación mostró una suba en la comparación interanual y se incrementó la proporción de trabajadores informales, en detrimento del empleo registrado. Este combo de menor poder adquisitivo, fragilidad laboral y mayor endeudamiento configura un panorama complejo para los hogares.
En perspectiva, la evolución de los salarios tampoco logra revertir la tendencia. En el último año, tanto en el sector público como en el privado los incrementos quedaron por debajo de la inflación. Además, dentro del actual ciclo económico, los empleados estatales evidencian el mayor ajuste acumulado.
Especialistas advierten que el nivel de los salarios reales se encuentra entre los más bajos de las últimas décadas, con una caída significativa respecto de los picos registrados años atrás. Con una inflación que se mantiene presionada por tarifas, transporte y combustibles, las proyecciones para los próximos meses no anticipan un alivio inmediato.