El Ejecutivo pidió una cuarta prórroga para enviar el Presupuesto 2026 y la ordenanza fiscal-impositiva, en medio de tensiones con La Libertad Avanza, desacuerdos por la Tasa Vial y un escenario nacional que condiciona cada movimiento.
Más que una cuestión técnica, la nueva postergación del Presupuesto Municipal expone, una vez más, el delicado entramado político que atraviesa al gobierno de Agustín Neme. La solicitud de una cuarta prórroga hasta el 29 de enero para elevar las herramientas económicas al Concejo Deliberante volvió a dejar en evidencia que el principal obstáculo no está en los números, sino en la falta de consensos políticos.
Detrás del pedido formal del Departamento Ejecutivo se esconde una negociación abierta con La Libertad Avanza, espacio que se transformó en un actor decisivo para la aprobación del Presupuesto 2026 y de la ordenanza fiscal-impositiva. Desde el oficialismo reconocen que los libertarios fijaron condiciones difíciles de sortear: equilibrio fiscal, cero déficit y límites estrictos al crecimiento del gasto, lineamientos que condicionan todo el esquema financiero del Municipio.
El punto más sensible del conflicto sigue siendo la Tasa Vial, un tributo heredado de la gestión de Guillermo Montenegro que representa una fuente clave de ingresos para la comuna. Aunque se trata de fondos afectados, en el Ejecutivo sostienen que su eliminación o reducción pondría en riesgo compromisos básicos de funcionamiento. Para La Libertad Avanza, en cambio, es una bandera política incómoda y, por ahora, no hay señales de aval.
A este escenario se suma el factor nacional, que agrega presión a cada definición local. La anunciada visita del presidente Javier Milei a Mar del Plata, acompañado por Karina Milei, coloca al Municipio en el centro de la escena política. La mala relación entre la secretaria general de la Presidencia y sectores del oficialismo local refuerza la lectura de que el Presupuesto no es solo un instrumento de gestión, sino también una pieza de disputa política.
En este contexto, el hermetismo libertario alimenta la incertidumbre. No hay pronunciamientos públicos, ni gestos claros sobre cuál será la postura final en el Concejo Deliberante, lo que obliga al Ejecutivo a estirar los tiempos y a administrar la tensión.
Así, el Presupuesto 2026 quedó atrapado en una puja de poder más amplia, donde se cruzan intereses locales, estrategias nacionales y una interna política que, lejos de resolverse, sigue condicionando el rumbo económico del Municipio. La prórroga aparece, entonces, como la expresión formal de un conflicto político que todavía está lejos de saldarse.