Las cuotas dejaron de licuarse y la deuda de la clase media alcanza niveles récord

Las cuotas dejaron de licuarse y la deuda de la clase media alcanza niveles récord

Con ingresos que ya no le ganan a las obligaciones financieras, los hogares destinan casi un cuarto de su salario a pagar créditos. El Banco Central advierte por el fuerte salto de la morosidad, impulsado por préstamos al consumo y tarjetas de crédito.

18 de enero de 2026

La fotografía del endeudamiento familiar en la Argentina encendió luces de alerta en el sistema financiero. Según el último informe de estabilidad financiera del Banco Central, las familias destinan hoy cerca del 23,4% de la masa salarial registrada al pago de deudas bancarias, un nivel inédito en las últimas décadas y que expone la creciente fragilidad de la clase media.

 

El dato no solo refleja un mayor uso del crédito, sino también un cambio de escenario: las cuotas ya no se diluyen con la inflación como ocurrió en el pasado reciente. Con precios más contenidos pero ingresos que avanzan a un ritmo mucho menor, las obligaciones financieras pesan cada vez más en el presupuesto de los hogares. En apenas seis meses, la carga de la deuda saltó más de cuatro puntos, impulsada por un fuerte aumento real del stock de créditos frente a salarios prácticamente estancados.

 

El fenómeno tiene un claro protagonista. Cerca del 80% del endeudamiento familiar está concentrado en préstamos personales y tarjetas de crédito, es decir, financiamiento directamente ligado al consumo cotidiano. Allí se explica también el deterioro en la calidad de pago: la morosidad de las familias alcanzó el 8,8% en octubre, muy por encima de los registros de comienzos de año, con un avance interanual que preocupa a los bancos.

 

La situación es aún más delicada en los sectores que no acceden al sistema bancario tradicional y recurren a financieras con tasas mucho más altas, donde los atrasos superan ampliamente los dos dígitos. Incluso dentro del sistema formal, los créditos con más de 30 días de atraso ya representan el peor registro de la última década, con picos especialmente elevados en el Gran Buenos Aires.

 

Si bien el Gobierno sostiene que el costo del financiamiento tenderá a bajar, los números actuales siguen siendo exigentes. Las tasas nominales muestran una leve corrección, pero el costo financiero total continúa en niveles muy altos, lo que dificulta la regularización de deudas. En paralelo, las tarjetas de crédito se consolidan como uno de los principales focos de riesgo: refinanciar saldos pagando solo el mínimo implica intereses que vuelven casi interminable la deuda.

 

En este contexto, la combinación de cuotas que ya no se licúan, tasas elevadas y salarios ajustados explica por qué la deuda de la clase media dejó de ser un puente y pasó a convertirse en una trampa.

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