Bajo la consigna de unidad total, repartidores y mensajeros realizaron una caravana por la costa para visibilizar la precariedad y los constantes robos de sus herramientas de trabajo. Reclaman respuestas concretas al municipio ante el silencio oficial.
En una jornada marcada por la indignación y la solidaridad, trabajadores del sector de mensajería y aplicaciones se movilizaron este viernes para denunciar la crítica situación de inseguridad que atraviesan en las calles. La protesta, que incluyó una concentración y posterior recorrida por la zona costera, surgió como respuesta a un nuevo hecho delictivo que afectó a una compañera del sector, funcionando como el detonante de un malestar que ya no encuentra canales de escucha.
Alan Veltri de SICAMM indicó que, a pesar de las diferencias que algunos intentan marcar, en la calle la realidad es una sola: «Somos todos trabajadores, somos todos iguales y sufrimos lo mismo», expresaron. El foco de preocupación se centró especialmente en los trabajadores de aplicaciones, señalados como el eslabón más precarizado de la cadena.
El reclamo no solo apunta a los robos, sino a una acumulación de factores que hacen que el día a día sea insostenible. Para el «motoquero», la moto es su único capital. «Si nos la roban, no podemos llevar el mango a casa», señaló con angustia.
Uno de los puntos más críticos de la jornada fue la denuncia de la falta de comunicación por parte de la administración local. Según los referentes de la movilización, no ha habido llamados ni acercamientos para buscar soluciones conjuntas. «No salimos a pegar por pegar, salimos para que nos escuchen. Necesitamos que nos reciban, pero que se tomen decisiones concretas. Sin un plan real, como se habló en un principio con los sistemas de QR para diferenciarnos, esta cuestión no se va a resolver», afirmó.
Ante la falta de respuestas oficiales, los trabajadores han tenido que tejer sus propias redes de cuidado. Mantienen una comunicación constante y actúan con extrema precaución, pero reconocen que no es suficiente. «No sentimos el cuidado del municipio y es muy difícil trabajar así», concluyeron.
La movilización finalizó con un llamado a la comunidad para que tome conciencia de lo que padece el sector, reafirmando que la lucha continuará hasta que el «salir a trabajar tranquilo» deje de ser un deseo y se convierta en una realidad.