La decisión del intendente de pedir licencia sin fecha de finalización para asumir como senador provincial reconfigura el mapa de poder local antes de la asunción de Agustín Neme. El mensaje interno, las tensiones con LLA y el rol de las distintas fuerzas anticipan dos años de pulseadas políticas en una ciudad que exige gestión y presencia estatal.
El pedido de licencia de Guillermo Montenegro para asumir como senador provincial el 10 de diciembre no sorprendió: era un paso previsto desde que comenzó a trabajar su proyección fuera de Mar del Plata. Lo que sí generó ruido fue el detalle más político que administrativo: la licencia no tiene fecha de culminación. Un gesto quirúrgico, pensado y dirigido a dejar plantada una señal hacia adentro y hacia afuera: el poder real sigue en sus manos, aun cuando no esté sentado en el despacho principal.
Agustín Neme, el próximo intendente, deberá iniciar su gestión con ese peso sobre los hombros. Y no es un tema menor: desde hace meses se sabía que su mayor desafío no sería la oposición, sino la interna del oficialismo. Durante la campaña esa tensión quedó en suspenso porque Montenegro apostó fuerte a su posicionamiento nacional, recorriendo estudios televisivos porteños, buscando un lugar en el gabinete de Javier Milei e intentando capitalizar su victoria en la Quinta sección electoral.

Pero el último resultado electoral cambió el tablero. El enorme caudal de votos que obtuvo Milei —incluso en medio de acusaciones de coimas y candidaturas señaladas por vínculos con el narcotráfico— redefinió las prioridades del Presidente. Dijo que los cambios en su gabinete “no son una urgencia”, lo que derrumbó el primer objetivo de Montenegro. Y luego llegó el segundo golpe: el Ministerio del Interior quedó en manos de Diego Santilli, el dirigente del PRO que ahora aparece como el precandidato a gobernador libertario de mayor volumen político. Otro casillero que se le cerró al intendente marplatense.
Un futuro gris en la Legislatura
La Legislatura provincial es un destino político deslucido para Montenegro. El Senado, dominado por el peronismo, ofrece poco margen de acción, escasa visibilidad y nula proyección. En este contexto, el gesto de la licencia indefinida adquiere mayor contundencia: Montenegro deja Mar del Plata, pero no su poder. Y el mensaje interno es claro: Neme no tendrá las manos totalmente libres.
¿El mensaje va también hacia Milei? Todo indica que sí. Montenegro ganó la Quinta sección bonaerense, se puso el buzo violeta y se alineó con el nuevo oficialismo nacional, pero no recibió ningún reconocimiento a cambio. Ni cargo, ni silla, ni rol relevante. Solo silencio.
La incómoda silla de Neme y la reconfiguración que viene
En los próximos días será clave observar cómo se acomoda el reparto del poder en el municipio. ¿Cómo funcionará la mesa chica de Montenegro? ¿Qué autonomía tendrá Neme para gobernar? ¿Podrá esquivar la pregunta que inevitablemente le harán: “¿Está condicionado por Montenegro?”.
Y además, ¿qué papel jugarán La Libertad Avanza y la Unión Cívica Radical en la nueva estructura municipal? Ambos espacios esperan su turno para tener incidencia en la gestión.
Una de las primeras señales será la conformación del gabinete: Los lugares del PRO de Montenegro, los del PRO de Neme, la eventual presencia de funcionarios libertarios y un posible regreso o acercamiento del radicalismo. La distribución de cargos no será solo un organigrama: será un mapa del poder real para los próximos dos años.
Mientras tanto, Mar del Plata enfrenta desafíos urgentes: infraestructura deteriorada, problemas de seguridad, falta de obras clave, dificultades en salud y servicios públicos que necesitan respuestas concretas. En ese escenario, una interna prolongada entre Montenegro, Neme y los libertarios sería el peor de los mundos para una ciudad que ya arrastra grandes deudas de gestión.
La licencia indefinida del intendente es un movimiento político de alto impacto. Pero la pregunta central es otra: ¿quién gobernará realmente la ciudad en un momento en el que el poder está en disputa, la incertidumbre crece y las necesidades de los vecinos se acumulan?.
El tablero ya está en movimiento. Lo que viene será decisivo para entender cómo se ordena —o se desordena— la política marplatense en los próximos dos años.