Monseñor Ernesto Giobando, obispo de la Diócesis de Mar del Plata celebró una misa especial en honor al Papa Francisco. Lo recordó por su legado de “gestos y palabras” y le reconoció haber dejado “algo en su vida para que se pueda sanar el mundo”.
Monseñor Ernesto Giobando, obispo de la Diócesis de Mar del Plata, celebró una misa especial en la Catedral para despedir al Papa Francisco. Lo recordó por su legado de “gestos y palabras” y le reconoció haber dejado “algo en su vida para que se pueda sanar el mundo”.
“Hoy estoy despidiendo a un amigo, a un hermano”, expresó Giobando visiblemente conmovido. “A los 15 años lo conocí, le pedí entrar a la Compañía de Jesús y me dijo que era muy chico. A partir de ahí se forjó una amistad muy honda”.
Durante el encuentro, el obispo remarcó el legado profundo y transformador de Francisco: “Creo que ha marcado un antes y un después. Su pontificado fue el de los signos, de los gestos. No sólo por sus palabras, que también, sino por su forma de actuar, de estar cerca de la gente”.
“Son muchas las cosas que pasan por el corazón cuando uno pierde a un amigo y a este Papa, que ha marcado un antes y un después en estos años”, dijo Giobando, y recordó que lo conoció cuando tenía 15 años y Bergoglio ya estaba al frente de la Compañía de Jesús. “Le pedí ingresar y me dijo que era muy chico todavía”, acotó.