Existen visiones irreconciliables en relación a nuestra ciudad, lo que deja a las claras que es muy difícil construir una identidad marplatense que permita los acuerdos para una Mar del Plata integrada, próspera y sostenible a largo plazo. Cada cual atiende su juego y son muchos los que en el mejor de los casos lo miran de afuera.
Cada vez queda más en evidencia que existen algunas “Mar del Plata” distintas dentro de un mismo territorio, de no ser así es imposible que convivan reclamos repetidos con anuncios rimbombantes.
Quizás la explicación la encontremos en la “hiper segmentación informativa”, pero en nuestra ciudad los grandes medios actúan con cierto grado de “connivencia” en base a “acuerdos editoriales” por lo que deberíamos cuestionar esa posibilidad.
En la actualidad las redes sociales y la proliferación de plataformas informativas permiten que exista casi una ¿realidad? para cada consumidor, los algoritmos redistribuyen las audiencias y la realidad se reduce a lo que aquel ciudadano reducido a consumidor desea consumir, quizás encontremos allí una de las dificultades a la hora de construir la “identidad marplatense”: existen realidades a medida y un marcado desinterés por lo que ocurre en nuestro entorno más cercano.
Si nos posicionamos en un imaginario sillón junto a Guillermo Montenegro en una tertulia con su grupo político más cercano seguramente celebraríamos entre risas el prometedor anuncio del nuevo parque industrial, también el desembarco de algunos desarrollos comerciales y alentaríamos al alcalde a endurecer su postura con el Sindicato de Trabajadores Municipales. Hasta quizás le sugeriríamos inmersos en el frenesí optimista que se adhiera al RIGI, aunque tengamos algunas dudas en relación a la efectividad de la medida. Obviamente justificaríamos que las vacaciones de invierno pasaron desapercibidas y confiaríamos en que el “rebote en V” llegará para disfrutar de un verano con ocupación plena.

Saldríamos de la tertulia envalentonados, pero cuando apenas cruzáramos la puerta del Municipio nos encontraríamos con otra realidad, mientras caminamos y conversamos con algunos dirigentes de la oposición observaríamos a miles de marplatenses esperando el transporte público guarecidos en refugios inexistentes, preocupados por sortear la inseguridad que crece día a día y cruzando los dedos para que la lluvia no impida transitar las calles de su barrio. Escucharíamos algunas quejas de trabajadores municipales afirmando que de la mano de su esfuerzo se sostiene el municipio y que no es justo que su poder adquisitivo se resienta mes a mes, incluso al adentrarnos en esa Mar del Plata que parece olvidada, constataríamos con nuestros propios ojos que el Estado está roto y que es incapaz de estar a la altura de brindar salud y educación de calidad pese a que lo repiten en cada discurso.
Por fin llegamos a nuestras casas dejando atrás la fantasía y la tranquilidad del hogar nos permite reflexionar: quizás todas las Mar del Plata convivan en un absurdo equilibrio que impide una integración palpable. No tenemos un proyecto de ciudad que permita compatibilizar esas realidades (sin negarlas) y construir los cimientos de la identidad marplatense.
Las Mar del Plata se observan indiferentes, en algunos casos quizás enojadas o desilusionadas, todo depende de la Mar del Plata que te tocó en suerte.
En relación a la político, la oposición comienza a reordenarse aunque todavía falta mucho para la disputa de fondo por la sucesión de Guillermo Montenegro que de no mediar alguna sorpresa tendrá lugar en un lejano 2027, mientras que en el oficialismo al menos desde la gestualidad la disputa parece resumirse entre el favorito del alcalde Fernando Muro y la presidenta del Concejo Deliberante Marina Sánchez Herrero.
Hasta la próxima.