Montenegro evita estar a la defensiva

Montenegro evita estar a la defensiva

El alcalde golpea desde lo discursivo y ocupa el centro del ring evitando posiciones incómodas. La oposición intenta incomodarlo, pero el silencio utilizado como recurso estratégico los deja en una situación incómoda. El conflicto con el STM metió la cola en el plenario del HCD.

12 de julio de 2024

Algunas de nuestras columnas suelen publicarse los días miércoles, pero en esta ocasión decidimos posponerla a la espera de algún posible intercambio interesante (ya que temas no faltan) en el plenario del Concejo Deliberante: a fuerza de ser sinceros la sesión aportó casi nada y prácticamente quedamos condenados a rescatar algunas frases del Intendente Guillermo Montenegro en el lejano acto del 9 de julio y hacer de esas declaraciones algo que merezca la pena ser leído.

 

El alcalde profundizó en la confrontación unilateral con el gobernador Kicillof, esta vez lo hizo en un acto institucional y aunque quizás el escenario no fue de las mejores elecciones logró ante la ¿falta? de información que sus palabras sean por lo menos por un rato el centro de atención periodístico.

 

Para evitar caer nuevamente en un análisis repetido trataremos de enforcarnos en las motivaciones del intendente: según indican fuentes inobjetables la crisis en el IOMA y la (in)seguridad golpean de lleno en la imagen del gobernador y Montenegro intenta capitalizar ese descontento a su favor. Desde ya que algunos podrán catalogar la estrategia del jefe comunal como un gesto de mezquindad política ante las múltiples dificultades que afronta esta segunda gestión, pero al menos tiene algo de sentido.

 

La estrategia es un poco más compleja que solo confrontar con anuncios ajenos utilizando las redes sociales o algún púlpito de los que ya no abundan: señalar a ese otro (distinto y cuestionable) es parte de un plan más complejo que incluye no responder a las críticas cuando la respuesta se sale del manual oficialista de respuestas convenientes con el consiguiente desgaste que esta actitud genera a los posibles adversarios o enemigos según el tono de la confrontación.

 

Montenegro evita estar a la defensiva y buena parte de las actitudes que solemos criticar responden a esa lógica. La estrategia está siendo útil en términos comunicacionales ya que por ejemplo el aumento del boleto pasó casi inadvertido pese a la brutalidad del ajuste, pero el día a día de la gestión no dejan de ser un dolor de cabeza para propios y extraños. El Intendente se muestra en el centro del ring simulando tener todo bajo control, pero tanto él como su entorno saben que la realidad es mucho más compleja que una puesta en escena.

El conflicto con los municipales se coló en el plenario del deliberativo ya que buena parte del personal decidió plegarse a la retención de tareas planteada por el STM.

 

La tensión en el palacio es evidente, pero en el oficialismo han comprendido que para “imponerse” en este conflicto deberán tener paciencia y quizás en estos días se constaten señales que justifiquen la apuesta. Todos sabemos que es casi imposible mantener la intensidad del reclamo por parte de los trabajadores, quizás hubo alguna reacción desmedida en un principio que seguramente condicionó un “plan de lucha” sensato, lo cierto es que la intransigencia del Departamento Ejecutivo está resquebrajando el reclamo por lo menos en términos de acciones directas. Es más, el oficialismo cuenta con dos herramientas que por ahora parece no tener en mente utilizar: la esencialidad y el convenio colectivo.

 

Es innegable que más temprano que tarde las partes deberán sentarse a negociar, en ese momento la precisión deberá ser quirúrgica ya que un error podría reavivar el fuego que parece ahogarse en la necesidad y el hastío.

 

Mientras tanto Montenegro parece ganarle la pulseada al tiempo, quizás sea lo único que le importa.

 

Hasta la próxima.

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