La virtualidad ganó centralidad de la mano de la falta de propuestas. En la “calle online” todos compiten por satisfacer a su audiencia dejando de lado el bienestar general. Prácticamente no existe un intercambio tangible, por lo que casi nunca se arriba a una solución.
En la última campaña electoral se tornó popular el término “la calle online” como un termómetro silencioso de la opinión popular. Según sus defensores la crítica política o el humor social se canalizaban por medio de las redes sociales y fue La Libertad Avanza la fuerza política que supo entender mejor ese fenómeno.
En algunos estudios de conformación del voto no queda tan claro que el “triunfo” en el campo virtual sea necesariamente el único desencadenante que permitió la llegada de Javier Milei a la presidencia. El libertario logró canalizar la frustración de muchos votantes que solían votar al justicialismo y le arrebató buena parte del electorado extremo a Juntos por el Cambio, además su histrionismo sedujo a buena parte del electorado que concurría por primera vez a las urnas, y en buena medida eso ocurrió porque la interna de JxC fue mucho más profunda que una simple elección y ambas campañas fueron realmente espantosas. Basta con recordar los tik tok de Larreta o la ocurrencia de Bullrich de bautizar CFK a una maqueta de un cárcel. Unión por la Patria era sinónimo de la profundización del fracaso y JxC no parecía ser la herramienta que alguna vez asomó en el imaginario.
Desde ya que el perfil mediático y confrontativo de Milei encajaba con el leguaje que aún pulula en algunas redes sociales y que algunos de sus más controvertidos exégetas son profetas en un mundo que no era muy conocido: el streaming. Cuando la “política tradicional” la vio quizás ya era tarde y decenas de canales de streaming producían contenido ligado al libertario que se basaba en señalar a la “casta” como culpable de todos los males aventurando la llegada de un mesías que bajaría impuestos, ajustaría el gasto sin mayores consecuencias para los laburantes y aniquilaría la inflación de la mano de un rápido proceso de dolarización a la ecuatoriana. De más está decir que las mentiras también se reproducen en la “calle online”.
La particularidad de ese “espacio virtual” es la falta de reglas y la manipulación de un algoritmo que confirma en cada posteo aquello que quizás pensamos. Los nuevos medios de comunicación tienen muchos de los vicios de los medios tradicionales, incluso potenciados: saben aquello que nos gusta, incentivan nuestro consumo y venden publicidad al mismo tiempo que nos inculcan una idea de libertad bastante endeble, ya que está condicionada por el estudio de nuestros patrones de conducta: no somos libres sino esclavos de nuestros consumos.

La política no está exenta de responsabilidad, ya que sin importar el medio empleado no supo o no pudo comunicar una propuesta que generara esperanza por lo que la discusión se centró en el rechazo a lo establecido y recién sobre el final de la campaña desde la otra vereda en el rechazo a Milei, que por extemporáneo terminó favoreciendo al outsider que parecía no estar del todo preparado pero que muchos consideraban frontal. Clara muestra de ello fue el último debate que claramente dominó Sergio Massa pero que no afectó la base electoral del actual presidente ya que muchos lo percibieron “humano” frente al burócrata tradicional. Es decir: las cartas estaban sobre la mesa.
La sobredimensión de la “calle online” llevó a que muchos políticos con responsabilidades públicas diriman sus diferencias por medio de posteos en redes sociales, y como ya dijimos que es un espacio casi sin reglas en el que la agresión es moneda corriente, el tono del discurso fue tornándose cada vez más vacío, violento y personalizado. ¿Para qué ir más allá de lo que buscan sus seguidores? Le hablan a su tribuna. Un claro ejemplo de ello ocurre a menor escala en nuestra ciudad. Quizás el primer hito lo constituyó la pandemia y las interminables diferencias entre la gestión provincial y la local dirimidas en 140 caracteres en los que se afirmaban disparates para justificar algunas decisiones. Pero la virtualidad había llegado para quedarse, ya que es mucho más fácil ser un brabucón en un contexto amigable en donde la repregunta no existe y los fanáticos anónimos están a la orden del día. ¿Quién estaría dispuesto a leer una plataforma electoral o un plan de gobierno cuando tal o cual están cruzando insultos virtuales? La política se transformó en un consumo ligado al entretenimiento más burdo y chabacano.
En este contexto Guillermo Montenegro y su lugarteniente Alejandro Rabinovich encontraron rápidamente el pulso de los nuevos vientos comunicacionales. Fue aquí en donde ocurrió el conflicto por la cesión de las tierras en el Marquesado, ya que la “calle online” permite enfrentar incluso a aquellos que poco tiene que ver con el asunto o a los que no les interesa ser parte del conflicto. Los medios de comunicación hacemos el resto dándole entidad de discusión a un par de posteos incluso regodeándonos de la violencia de los mismos.

En las últimas semanas el alcalde discutió virtualmente con los trabajadores municipales, se subió al discurso del Bullrich al momento del debate de Ley Bases y se enfrentó al gobernador por el claramente insuficiente incremento del subsidio al Transporte. El senador provincial fue más allá y también reflotó una disputa con Gustavo Pulti que vaya a saber uno cuando se originó, ya que en cuando el oficialismo no disfrutaba de su mayoría legislativa fue Acción Marplatense quien facilitó la gobernabilidad en más de una oportunidad. Esta andanada de enfrentamientos virtuales de las principales figuras políticas del oficialismo está acompañada eventualmente de algunos berrinches de segundas líneas que intentan colarse en la consideración de sus dirigentes abusando en algunas oportunidades de la impunidad que brinda la virtualidad.
La pregunta que deberíamos hacernos es hasta cuándo vamos a resolver nuestras diferencias de una manera tan infantil y poco productiva. El conflicto con los trabajadores municipales parece no tener fin, Rabinovich goza de la misma legitimidad que Pulti e incluso seguramente han tomado en más de una oportunidad un café e intercambiaron sus teléfonos, y Montenegro es el intendente de una de las ciudades más importantes de la provincia que conduce Kicillof, por lo que imaginamos que ambos pueden saldar algunas diferencias en un diálogo maduro alejado de la rudimentaria disputa virtual. En menor medida ocurre algo similar en el deliberativo, en donde se aplica una lógica de reality show caído en desgracia.
Obviamente no tenemos respuesta a la pregunta formulada, pero deberían tomar nota de algunos sucesos: cuando la desilusión golpea la puerta la ciudadanía necesita algo más que un paso de comedia de una cuenta verificada.
Hasta la próxima.