Nuestra ciudad enfrenta un escenario muy delicado en materia de seguridad. Los reclamos se extienden a lo largo y a lo ancho del territorio y las cifras son alarmantes. Aunque en campaña el alcalde se jactó de su palmarés en la materia, la realidad lo pone frente a una encrucijada.
Corría el año 2019 y un rozagante Guillermo Montenegro, quien aún era diputado nacional, decide desembarcar en la ciudad de Mar del Plata de la mano de María Eugenia Vidal para disputar la intendencia primero al radicalismo en las PASO para luego derrotar al kirchnerismo en las generales.
Aquel candidato desconocido por la mayoría del electorado terminaría convirtiéndose en intendente, y no solo eso, sino que sería reelegido para un segundo mandato, algo que parecía casi imposible.
El actual alcalde Guillermo Montenegro todavía candidato en aquel lejano 2019 aseguraba en sus interminables recorridas que en Mar del Plata “con la seguridad no se puede improvisar”, y sostenía que este tema “es un problema histórico” de nuestra ciudad. Es en aquella época en donde se acuño la frase “mi despacho va a funcionar en el COM porque entiendo que es la mejor formar de supervisar la coordinación entre todas las áreas”, destacando que “cuando hablamos de un gobierno local moderno y eficiente también estamos hablando de seguridad”.
Con errores y algunos aciertos, su primer mandato fue revalidado por las urnas, por lo que algunas de las referencias que utilizaremos son de hace unos pocos meses. Es decir, dejaremos de lado el constante coqueteo político de Montenegro con Berni que tanto incomodó al Frente de Todos local y cuyos resultados prácticos fueron bastante pobres.
En noviembre del año pasado, una vez consumado el triunfo de Javier Milei, el reelecto Guillermo Montenegro aseguraba que la opción elegida por los argentinos “comparte los valores que venimos trabajando hace cuatro años” en lo que era el primer guiño formal a LLA, y aseguró que insistiría en el envío de fuerzas federales a Mar del Plata.

El nombramiento de Patricia Bullrich al frente del Ministerio de Seguridad envalentonó a los funcionarios locales al punto que el flamante secretario de Seguridad Rodrigo Gonçalves, aseguró que su primer objetivo al frente de esta área municipal sería concretar “la restitución de los 500 gendarmes para la ciudad”. En otro contexto trascurridos siete meses de aquella declaración podríamos afirmar que su gestión no está a la altura de las expectativas, si es que las había, pero como no somos sommeliers de funcionarios ni operadores oportunistas dejamos la evaluación a cargo de quien lo designó.
También tendríamos tiempo para la sobreactuación, a fines de diciembre el jefe comunal elevó una nota a la Ministro de Seguridad solicitando la “intervención a las fuerzas para dejar liberado el espacio de circulación e identificar los autores, cómplices e instigadores de este delito” en épocas en las que el protocolo anti piquetes compartía la primera plana de los medios junto con la burda idea de limitar las reuniones sociales en la vía pública y todavía imaginábamos a los jueces con toga. En este país se aburre el que quiere.
No seremos injustos: hace poco más de un mes se conoció la continuidad de los servicios adicionales de Prefectura Naval Argentina, que seguirían en las bases operativas en el casco urbano para aportar al control en zonas críticas de Mar del Plata. Se hizo referencia a 240 efectivos que darían cobertura con patrullajes y puestos fijos, estos últimos bien visibles en zonas como barrio Libertad, Centenario y la zona de Mario Bravo casi Antártida Argentina, entre otros. Ante la posibilidad de un recorte en materia de seguridad impulsado justamente por aquella gestión que compartía valores con los marplatenses, el Municipio se comprometió a aportar los fondos para el alojamiento de 80 prefectos, en tanto la comida se las brindará la fuerza a la que pertenecen. Quizás esta fue la gestión más importante en materia de seguridad del municipio en los últimos meses.
No es la intención de esta columna incursionar en la rosca deliberativa, pero algunas de las preguntas que seguramente surgen de este repaso esperan respuestas en la Comisión de Seguridad del Concejo Deliberante que practicante está paralizada justamente porque el Departamento Ejecutivo decide hacer oídos sordos a los reiterados pedidos de informes que se multiplican en cada comisión. Aquí surge un problema: hasta donde puede la política jugar sin consecuencias su juego cuando justamente las consecuencias las sufren diariamente los vecinos.

Otra pregunta que les puede surgir es por qué la política vernácula le dedicó tan poco tiempo al escándalo policial con detenciones incluidas en nuestra ciudad, que derivó en recambios en la segunda línea de la secretaría de seguridad. Quizás la política está pensando más en el 2025 o en sus absurdas rencillas internas que en el bienestar de la ciudadanía. Quizás.
Para finalizar es importante darle contexto a este repaso: en 2023 se denunciaron 4.967 robos y hurtos y se constaron 42 homicidios dolosos, cifras por encima de las relevadas en 2022 que habían sido de 3.926 y 32, respectivamente, lo que quizás hasta justificaría el cambio de nombres que hubo al frente de la Secretaría de Seguridad.
En el primer semestre del 2024 hubo al menos 20 homicidios reportados, situación similar a la de 2023, y se constató un incremento en las denuncias vinculadas al delito automotor además de hacerse cada vez más palpable la proliferación del delito en todo el territorio de nuestra ciudad.
Quizás sea momento que el entusiasta Montenegro de 2019 le recuerde al agotado Montenegro de 2024 que “con la seguridad no se puede improvisar”.
Hasta la próxima.