Un nuevo paro de los trabajadores municipales marcó la agenda política de esta semana. Parece difícil avizorar un final. Las relaciones de las fuerzas que componen la coalición parecen en continuo reacomodamiento mientras LLA se adapta al modelo Mar del Plata.
Quizás el punto más álgido de esta semana tuvo lugar el martes cuando el Sindicato de Trabajadores Municipales llevó adelante un paro cuyo acatamiento fue dispar a los ojos de las partes interesadas (o no) en resolver los planteos salariales. Lo cierto es que el aire que se respira en los pasillos de la municipalidad no es el mejor, existe una tensión constante propia de una discusión que parece interminable y quizás se tense aún más la próxima semana.
Para poner blanco sobre negro es entendible que el municipio tenga inconvenientes a la hora de recaudar y por lo tanto dificultades para una planificación seria en materia salarial e incluso tenga problemas para abonar en tiempo y forma los mismos, pero esa situación no justifica buscar la confrontación menospreciando a miles de trabajadores simulando no dimensionar la pérdida del poder adquisitivo de todos los asalariados. Entonces: ¿por qué no se ponen a charlar entendiendo el contexto económico? La verdad no lo sabemos, pero podemos inferir que existe algo más que un problema de comunicación.
Algunos se atreven a relacionar el accionar “radicalizado” del sindicato con una maniobra de la oposición para desestabilizar al gobierno, algo que parece inimaginable con solo observar el comportamiento de los dirigentes de UP o simplemente observar cotidianamente el Concejo Deliberante. Para semejante acción política sería necesario una iniciativa de la que carece Unión por la Patria. El oficialismo necesita de fantasmas cuando debería quizás entender que los tiempos que corren son de diálogo, de hecho, existe la posibilidad que se deba recurrir el Banco Provincia para abonar el aguinaldo (siempre y cuando alguien atienda el teléfono).
Las próximas semanas serán claves: se espera que una vez que se abone el medio sueldo anual complementario se abriría una nueva instancia de negociación. Para muchos no es más que una expresión de deseos dentro una olla de presión.
En el oficialismo reina la desazón, la mayoría de los que asistieron a la reunión convocada por el alcalde en la previa a la medida de fuerza no esperaban el grado de complejidad que deberían afrontar en una segunda gestión marcada por una recesión innegable. El desgaste parece prematuro y es por eso que algunos rumores o premociones retumban con tanta virulencia.
Para colmo de males la interna del PRO parece meter la cola en la gestión. No existe unanimidad a la hora de abordar una posible alianza con La Libertad Avanza, pese a que la misma existe de hecho en el deliberativo, pero más allá de los gestos, aunque parezca mentira muchos están gestionando con las legislativas del próximo año. La tensión se traslada a la convivencia puertas adentro del exitoso modelo Mar del Plata.

Es innegable que el radicalismo teme con razón perder protagonismo en los próximos años ya que debe renovar tres bancas y ningún radical que se precie de tal está en condiciones de asegurar qué será de la vida de este matrimonio que tiene bastante de conveniencia y cada vez menos de amor. Saben que parece inevitable la pérdida de bancas y también olfatean que LLA podría engrosar su representación convirtiéndose en un nuevo socio cada día más tentador. También es verdad que seguramente quien esté al frente de la municipalidad necesitará de todas las manos posibles, motivo por el cual quizás convenga recalcular la política de mimetización y afirmar la sintonía a una cordial, constructiva y pacífica convivencia a los fines de consolidar el electorado. Algunos apresurados ya son más libertarios que los mismísimos libertarios. Queda mucho camino por recorrer y créannos que hay cuestiones urgentes de las que podrían ocuparse.
Hay un par de temas en la agenda legislativa que podrían generar alguna zozobra política: el Convenio Colectivo de los trabajadores municipales y la esencialidad. Por ahora la decisión es que los expedientes que duerman el sueño de los justos por lo menos hasta que haga falta tensar aún más el conflicto con el consiguiente peligro de una implosión que esta decisión podría generar.
Hasta la próxima.