La casta está en orden

La casta está en orden

Con el apoyo del PRO, algunos pan-justicialistas y casi todo el radicalismo, a excepción de Martín Lousteau, la gestión Milei logró la aprobación de lo que quedó de lo que fue la ambiciosa Ley Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos. Repercusiones en la política local.

13 de junio de 2024

La “Ley de Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos” finalmente fue aprobada en la Cámara de Senadores luego que la vicepresidenta de la Nación haciendo uso de sus facultades desnivele la paridad de 36 votos que se dio en la votación en general.

 

No hubo lugar para las sorpresas, y más allá de los ajustes en el texto de último momento y las promesas desparramadas en on y off en búsqueda de alguna voluntad esquiva, el oficialismo logó aprobar su primera ley en seis meses de gestión de la mano de un par de legisladores pan-justicialistas, el PRO y la UCR, a excepción del Martín Lousteau.

 

Escuchar fuertes alocuciones para luego constatar el voto positivo en general a proyecto de ley que debe volver a la Cámara de Diputados, donde quizás descarten algunas de las modificaciones negociadas para esta votación, no deja de ser un ejercicio casi lisérgico de no ser una triste demostración de la realidad política de nuestro país. Algo similar ocurrió en su momento en la Cámara de Diputados, la posverdad en estado pleno montando un show para acólitos o fanáticos.

Del proyecto original quedó bastante poco (algo más de lo que creemos), pero a esta altura al gobierno solo le importaba tener una ley aprobada, tal es así que a los pocos minutos del desempate los ministros salieron a “festejar” (en redes sociales) la votación en general previo a “desmantelar” en horas de la tarde, según el propio oficialismo, un intento de golpe de Estado. Casi todo en el multiverso Milei es exagerado. Confundir una manifestación desbordada y posiblemente infiltrada con un intento de golpe de Estado es casi criminal, y quizás no sea del todo inocente. Para aquellos indignados por este párrafo remarcamos que la violencia no es el camino, e insistimos: nunca la violencia es el camino.

 

El acuerdo entre LLA, el PRO y el radicalismo deja tela para cortar. La lógica del PRO es la de la sumisión en pos de un supuesto cambio, pero la posición del radicalismo es un poco más compleja de explicar ya que por ejemplo el bonaerense Maximiliano Abad, quien había dilatado inexplicablemente su decisión, o el fueguino Pablo Blanco votaron positivamente en general para luego oponerse a algunos títulos en particular pese a que según lo que se entiende en el ámbito legislativo “la discusión en general tendrá por objeto la idea fundamental del asunto considerado en conjunto”: es muy complejo intelectualmente escindir las facultades delegadas o la reforma del Estado de la idea fundamental del asunto en este caso la Ley Bases.

 

 

El “poroteo” estuvo muy ajustado pero también fino en los detalles: un par de senadores que habían votado negativamente en general se levantaron a la hora del tratamiento en particular dejando algunas posturas grandilocuentes en el campo de lo simbólico.

Aunque parezca mentira esta votación repercute en la política local. La indefinición de Abad había generado algunas dudas en sus aliados políticos locales, casi alineados con la LLA al menos desde lo simbólico, incluso algunos casi que festejaron cuando el presidente del comité provincia “blanqueó” en horas de la mañana que votaría afirmativamente en general, para muchos fue una suerte de prórroga en la vida útil de la coalición de gobierno local que supo plantearse como ejemplo y que hoy está al borde del abismo.

 

En esta línea algunos aventuran que el posicionamiento del marplatense podría poner en riesgo el siempre endeble acuerdo político con el socialismo que les permite cogobernar la Universidad Nacional de Mar del Plata. Seguramente todo quede en la nada cuando baje la espuma, aunque la política universitaria se juega con sus propias reglas.

 

Es difícil intentar explicar lo inexplicable, pero al menos seguimos intentándolo.

 

Hasta la próxima.

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