El oficialismo intenta dejar atrás el inentendible conflicto con el STM y recuperar su agenda originaria, sin asumir que el mago evita repetir el mismo truco por obvios motivos. La espectacularidad como mecanismo.
Por alguna extraña razón puede que el título de esta columna nos parezca repetido o familiar, pero si lo pensamos unos segundos nos vamos a dar cuenta que los sucesos que narramos carecen de sorpresa u originalidad: la conversación política se ha vuelto poco atractiva justamente por ser repetitiva y previsible.
Hace unas semanas, o quizás fueron solo unos días, anticipamos que la gresca montada en torno al conflicto con los trabajadores municipales debía culminar o al menos no debía ocupar las primeras planas. Es obvio que la tensión continúa y quizás sea ahora el STM quien encienda la mecha, pero más allá de lo cosmético el Ejecutivo decidió empezar a mirar para otro lado, dejando sin de resolver un conflicto que creció en buena medida en base a la impericia, el oportunismo y los caprichos.
Adelantamos también que el oficialismo debía volver en buena medida a su versión original, la que mostraba una gestión escuálida pero que al menos montaba una puesta en escena en torno a resolver los problemas que realmente preocupan a los marplatenses: empleo y seguridad. Antes que alguien se enoje y deje de leer esta nota, si es que ya no lo hicieron, aclaramos que la falta de volumen de la gestión no es solo responsabilidad de Montenegro y su entorno pese a que se supone que podrían intentar algo más de lo que hacen.
Fernando Muro, quizás el hombre que mejor haya sabido ganarse la confianza del alcalde y a quien parece que mejor le calza el traje de sucesor, volvió al ruedo afirmando temerario en una entrevista radial que “si me tengo que comer treinta causas por haber autorizado la habitación y dado laburo a la gente, lo vamos a hacer. No tengo problema. Vamos por adelante en esto. Por supuesto que debemos, de fondo, cambiar la normativa, que la verdad que no tiene nada que ver con lo que está pasando hoy”, finalizó.

Más allá de la cuestión relacionada con la habilitación de un supermercado que no es el objeto de esta nota, hay un par de cuestiones que se desprenden de esta afirmación: la espectacularidad y cierto grado de cinismo. Todo lo que rodea a cualquier anuncio municipal sucede en un escenario de enfrentamiento en donde los buenos (ellos) se imponen a los malos (los municipales, la UCIP, Kicillof, etc.) y siempre debe entenderse en clave electoral.
Desde ya que hay mucho por mejorar en el plexo normativo ligado a las habilitaciones, pero las excusas se acaban cuando recordamos que el oficialismo cuenta con mayoría en el deliberativo y que la mano derecha del Intendente tiene peso propio en el Senado bonaerense, además de contar con la presencia de otros legisladores provinciales con asiento en la ciudad que quizás deberían opinar en relación a las modificaciones en la legislación vigente que propone el funcionario más allá de ser o no consultados, y trabajar en consecuencia. Es una buena idea para convocar a una Jornada de Trabajo multisectorial, le dejamos la inquietud.
La lógica de “llevarse por delante” las impúdicas restricciones esconde una puesta en escena repetida que comenzó en épocas de la pandemia cuando la gestión local decidió aplicar restricciones apresuradamente, anunciando incluso un plan de contención que todos decidimos olvidar, para luego oponerse a las restricciones incluso manipulando la cantidad de habitantes de nuestra región. Es un modus operandi.
Más allá de las formas al menos en el Ejecutivo tomaron nota de la realidad. En esta semana desde el Ejecutivo también intentaron mostrar algún resultado en materia de seguridad. En este tema es indispensable una coordinación con las fuerzas policiales (aturdidas por la crisis interna) y lograr consolidar el modelo de gestión de la seguridad que aún brilla por su ausencia y que tiene casi como único logro la “erradicación o traslado de la zona roja”.
La falta de respuestas del Ejecutivo a los continuos informes solicitados por el deliberativo en materia de seguridad deja en evidencia la falta de gestión o por lo menos alguna falla grave en la estructura de toma de decisiones. Es difícil a esta altura entender si el silencio es una estrategia a la trágica consecuencia de algunas decisiones apresuradas.

Lo que sucede es que la seguridad es un tema lo suficientemente delicado como para dejar de lado los posicionamientos electorales. En cuatro años y seis meses de gestión el oficialismo no logró diagramar un plan de acción sólido y perdurable limitándose a sobredimensionar acciones puntuales sin conseguir que las mismas se consoliden en el todo el territorio de nuestra ciudad.
La lógica del sheriff primó por sobre la visión de un municipio moderno capaz de asumir un rol importante en esta materia. Si a esto le sumamos el fallido desembarco de las fuerzas federales prometidas en campaña por la actual Ministra de Seguridad, que parecen estar destinadas a aplicar el “protocolo antipiquetes”, los logros se cuentan con los dedos de una mano y la inseguridad se esconde a la vuelta de cada esquina (algunas veces ni siquiera se esconde) con las fatídicas consecuencias que conlleva.
La lógica electoralista destruye la planificación y dinamita los acuerdos. El oficialismo parece estar atrapado en la “rosca” sin poder encargarse de la gestión. Quizás sea el momento de asumir responsabilidades y ganarse un lugar en la historia de la ciudad sin pensar tanto en los próximos turnos electorales y los pergaminos personales.
Hasta la próxima.