Punto de quiebre

Punto de quiebre

El desempleo y la inseguridad son dos de las principales preocupaciones de los habitantes de la región Mar del Plata, y fueron las banderas que le permitieron el triunfo a Montenegro. Los conflictos innecesarios parecen alejar a la gestión de su propio eje. ¿Podrá el intendente pegar un volantazo a tiempo?.

3 de junio de 2024

El enfrentamiento entre el Intendente Guillermo Montenegro y el Sindicato de Trabajadores Municipales es un ejemplo de los tiempos que corren. Estamos en épocas en las que el diálogo está menospreciado y la negociación mal vista. Por algún motivo que seguramente no estamos a la altura de analizar en los conflictos políticos/administrativos alguna de las posiciones debe imponerse a la otra incluso humillando a aquella contraparte.

 

En alguna medida la lógica de “domar” al otro rige en buena parte de las relaciones políticas, una prédica que surgió en redes sociales y que la política hizo propia todavía confundida por no entender el fenómeno Milei. Lo dijimos hace unos días, creer que un emergente como el libertario surgió solo de un equipo aceitado de comunicación digital que logró supuestamente imponerse en la batalla cultural en el campo virtual es no comprender la realidad y pecar de una asombrosa falta de autocrítica.

 

A Montenegro no le sobra nada: su ¿nueva? estrategia comunicacional hace agua por todos lados, no goza del beneficio de la cercanía, al gabinete la falta una oxigenación mayúscula y su entorno parece disperso en cuestiones ajenas a la ciudad. En este contexto la prédica “a matar o morir” manifestada por el STM es un terrible dolor de cabeza.

 

En la última semana el alcalde intentó modificar la agenda que se autoimpuso y volvió a la lógica del empleo como bandera, envalentonado por la puesta en marcha y/o anuncio de algunos emprendimientos comerciales en nuestra ciudad. Esa prédica tiene sentido puesto que Mar del Plata es una región castigada por el desempleo y todo parece indicar que los indicadores se pueden transformar en un problema serio. En principio nadie puede responsabilizar solo el jefe comunal de un casi inevitable crecimiento en el desempleo en nuestra ciudad, pero sabemos que la mecha del inconformismo social suele encenderse en los municipios.

El escenario vernáculo tiene un componente que nos explota día a día frente a los ojos pero que parece que nadie quiere ver: es evidente el crecimiento de la inseguridad en la ciudad de Mar del Plata, la sensación incluso va más allá de cifras y las quejas en los sectores considerados periféricos en la lógica del poder local son cada más desesperantes. Muchos vecinos se ven obligados a recluirse en sus casas una vez caída de la noche y salir a trabajar (o volver) es una travesía puesto que a la inseguridad se suma el pésimo servicio de Transporte Público, el lamentable estado de las calles, la falta de prevención y la planificación.

 

Las crisis dejan en evidencia todas las falencias que se esconden en épocas de vacas gordas. El Intendente desembarcó en Mar del Plata ondeando las banderas del trabajo y seguridad, sabiendo que eran dos de las preocupaciones relevantes de los marplatenses y batanenses pero que el municipio no tiene injerencia directa en ninguna de ellas. Es por eso que escapó de un errático manejo de la pandemia abrazando el cuidado del “laburo” de los marplatenses. La post pandemia le permitió sobrevivir en clave antagónica electoral y ahora el ajuste y sus consecuencias golpean a sus puertas.

 

Claramente buena parte de los marplatenses y batanenses no tienen entre sus prioridades el conflicto con los trabajadores municipales, la municipalización de Punta Mogotes o alguna otra cuestión cosmética: la inseguridad y el desempleo son los fantasmas que están a la vuelta de cualquier esquina que algunos se olvidaron de recorrer.

 

Volviendo al conflicto gremial al que hacíamos referencia, es evidente que las partes en pugna deberían rever la estrategia de confrontación y entablar algún tipo de diálogo maduro en el que se eviten los insultos y las frases altisonantes desde ambos bandos, porque en definitiva no le sirve a ninguno. Es momento de una tregua.

 

La politiquería meterá la cola y discutirá las próximas semanas la designación del Defensor del Pueblo en lo que todos deseamos que no sea una maniobra más en el contexto de “loteo” de la administración. Dicho sea de paso, ese “loteo” deja en evidencia que el modelo Mar del Plata como ejemplo de cogobierno funciona solo en los papeles o actividades públicas, es decir evita quiebres políticos, pero no necesariamente es una herramienta útil a la hora de gestionar.

Entonces dirán ustedes queridos lectores cuál es la conclusión de este derrotero editorial: ninguna. Solo intentamos repasar algunas de las cuestiones que pueden marcar la agenda real en las próximas semanas y destacar que posiblemente la gestión está llegando tarde obnubilada por peleas marketineras y flashes condescendientes.

 

Sin lugar a dudas es el momento del diálogo sincero, dejando de lado la soberbia de una mayoría legitima, pero insuficiente en lo que se refiere a apoyo popular y escuchando a todos los actores que puedan aportar su granito de arena para que nuestra región no caiga en una nueva crisis. Las herramientas podrán ser limitadas, pero existen y tienen que emplearlas. También los medios debemos asumir la responsabilidad de informar responsablemente, esto debe ser una tarea conjunta. Quizás sea un punto de inflexión en la gestión de Montenegro y nos demuestre que su ciudad está por encima de las apetencias políticas propias y de su entorno. Ojalá así sea.

 

PD: podríamos escribir mucho en relación a intrigas palaciegas o internas de dudosa profundidad, pero nos parece que es el momento de al menos dejar planteadas algunas de las cuestiones que parecen desconocer los miembros de lo que supo ser la denostada “casta”, ahora reverdecida y reconfigurada por el pragmatismo y las falencias de quienes nos gobiernan.

 

Hasta la próxima.

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