De no mediar sorpresas de último momento el Concejo Deliberante aprobará la delegación de facultades para aumentar el boleto y la emergencia de transporte público en pleno paro de la UTA. El peligro de naturalizar la crisis.
Hoy parece ser un día cualquiera, pero no lo es. Los marplatenses y batanenses hemos naturalizado que el Transporte Público no funcione, no solo aceptamos que el servicio sea pésimo, sino que ni siquiera nos quejamos ante un paro de 48 horas que paralizó buena parte de la actividad comercial de nuestra ciudad luego de la 18hs. Solo basta con recorrer los principales centros comerciales para cerciorarse. El termómetro de la calle es un poco más confiable que las redes sociales. Anímense.
Los que aún no peinan canas no tienen idea que hubo un tiempo en que la política no solo se limitaba a guardar un prudente silencio ante este tipo de situaciones. Según algunos relatos se redoblaron los esfuerzos en pos de lograr cierta normalidad en la prestación del servicio ante conflictos similares, incluso apelando a la solidaridad de toda la comunidad.
Hoy la insensibilidad se hizo carne en la política y poco les importa que cientos de miles de marplatenses y batanenses deban hacer malabares para tan solo “disfrutar” de la cotidianeidad.
Esta situación ocurre en un día especial, puesto que el Concejo Deliberante tratará este jueves la delegación de facultades al Ejecutivo para establecer el valor del boleto y la emergencia del servicio de transporte público. El deliberativo tratará dos expedientes claves sin el estridente sonido de los colectivos en la vía pública.
Alguno dirá que la medida de fuerza excede el ámbito de nuestra ciudad y que la solución al reclamo no está al alcance de los empresarios locales, pero lo cierto es que los colectivos están en los galpones. No hay servicio de emergencia, nunca se planteó una cobertura mínima ni se planificó una alternativa ante esta posibilidad cada día más cierta.

Los trabajadores tienen desde ya el derecho a protestar reclamando lo que creen que es justo, pero en momentos de calma los responsables de llevar adelante la gestión pública deben dejar de lado el circo mediático en el que transcurren sus días y meditar en relación a qué sus decisiones afectan a la comunidad en su conjunto.
Seguramente puede elaborarse un plan de contingencia que no perjudique a los trabajadores en su legítimo reclamo ni tampoco invisibilizar a los maltratados y agotados usuarios. Ya es tarde para lamentos.
El Ejecutivo tendrá en sus manos la posibilidad de fijar una nueva tarifa que podría trepar a los $1000 según los estudios técnicos pero que seguramente oscilará en torno a los $650 siendo las frecuencias la variable de ajuste, pero además contará con una emergencia a los fines de poder adecuar o rediseñar un servicio obsoleto.
Una emergencia justifica y amerita medidas excepcionales y creativas, que deberían ser evaluadas por el conjunto de la representación política. Esperamos y deseamos que la buena voluntad de muchos se imponga a la pereza e indiferencia de algunos y que está crisis sirva como punto de partida para comenzar un proceso virtuoso de trabajo mancomunado.
No es momento de planificar a largo plazo, la coyuntura lo impide, es momento de paliar las consecuencias de algunas medidas que parecen perjudicar a los rehenes de un sistema vetusto.
Mientras tanto algunos bloques políticos se concentran en el desfinanciamiento del Festival de Cine. No es la primera medida de la administración Milei que perjudica directamente a nuestra ciudad, pero buena parte de la política sigue mirando para otro lado sin comprender que no todo es un gasto y a la hora de recortar es necesario tener la habilidad de un cirujano y no la torpeza de un podador con motosierra.
Hay algunas cuestiones que van más allá del dogma fundacional de la nueva corriente libertaria, el sentido común debería sobreponerse a los apoyos ciegos y las chicanas de ocasión. Somos grandes para chicanas tan pequeñas.

La crisis del IOMA sigue sin tener solución. El viernes pasado el Concejo Deliberante tomó la posta y a instancias del concejal radical Gustavo Pujato se convocó a una Jornada de Trabajo en la que todas las fuerzas políticas asumieron la gravedad del conflicto y se comprometieron a buscar solucionar, incluso dejando de lado sus diferencias. Las principales clínicas de nuestra ciudad, las autoridades locales de IOMA y la representación de Fecliba brillaron por su ausencia pese a que fueron invitadas. En este caso la política local estuvo a la altura pese a que muchos de los involucrados aún siguen jugando al gato y al ratón mientras 100.000 marplatenses y batanenses sufren una situación que debe resolverse inmediatamente porque hay muchas vidas en juego. Los insensibles están por todos lados.
En el ámbito nacional fracasó la sesión para discutir una nueva fórmula de actualización jubilatoria, lo que generó algarabía en el oficialismo, pero la vicepresidente no logró (o no quiso) obstaculizar el tratamiento del DNU 70 en la Cámara Alta lo que desató la furia del entorno twittero del presidente y comenzaron a volar los carpetazos mientras que aún se festejaba el 13,2% de inflación. Todo es extremo en el entorno de Milei, incluso la reacción a la escalada narco en Rosario. Todo o nada.
La pregunta es hasta cuándo estaremos dispuestos a vivir en esta locura y hasta cuándo seguirán explotando el caos como herramienta política. No lo sabemos. Quizás nadie lo sepa. Ni siquiera ellos.
Y así terminamos este resumen semanal con la expectativa sincera que la semana que viene sea un poco más tranquila y que tengamos que apelar a otro tipo de herramientas a la hora de encarar esta columna. A esta altura nos merecemos relajarnos un poco.
Hasta la semana que viene.