La crueldad y la resignación

La crueldad y la resignación

Somos protagonistas de una época convulsionada en la que todo parece intensificarse. No hay lugar para tibios y los que se muestran dominantes quizás no lo son, aunque reducen a los demás a su mínima expresión. Una lectura abierta para que cada persona complete el relato.

7 de marzo de 2024

Por momentos parece que nos columpiamos entre la crueldad y la resignación. No son antónimos ni siquiera opuestos pero en este momento parecen ser dos lugares en dónde buena parte de la ciudadanía se siente cómoda o está atrapada.

 

Está dualidad sirve para explicar en buena medida la lógica política imperante en nuestros días.

 

Hay crueldad dónde miremos, basta con levantar la mirada para constatar. El culto al individualismo se resume en una especie de sálvese quien pueda. En gran medida esa lógica está impuesta desde el poder y se reproduce en muchos ámbitos de la sociedad. No es algo que sucede desde hace un par de meses o solo atribuible a una forma de gestionar los conflictos propia de la administración nacional, aunque está escalando a niveles insospechados, sino que viene ocurriendo desde hace algún tiempo, quizás desde la post pandemia, si es que entendemos que socialmente hemos superado esa etapa.

 

En buena medida la crueldad, uno de los extremos propuestos, justifica buena parte de la tolerancia social. El sufrimiento de millones es justificado por propios y ajenos como un paso inevitable previo a una supuesta redención. Es difícil imaginar que la lógica del sufrimiento inevitable se pueda prolongar indefinidamente, pero es cierto que cada vez nos resulta más difícil mirar y comprender al otro.

 

La crueldad está vinculada con la revancha o venganza. Durante muchos años existió, y aún existe, un modelo político y social de imposición que busca mostrar al otro como un enemigo, la reacción a ese modelo fue tan o más brutal que el modelo inicial, y allí surgió la “grieta” que fue explotada, incentivada y aprovechada por la mayoría de la antigua “casta” y también por aquellos que, con actitudes propias de “casta”, vociferaban que venían a llevarse puesto el sistema dominante.

 

En esta época, quizás ahogados en conceptos propios de la “generación de cristal”, es difícil suponer que surgirá algo bueno de la lógica amigo o enemigo, sobre todo porque los extremos son demasiado parecidos. Aquí nos encontramos por primera vez con la resignación.

 

Quienes tomaron partido a lo largo de las últimas décadas estructuraron su forma de razonar de tal manera que son incapaces de analizar sucesos más allá de su propio posicionamiento, es por ello que todo parece resuelto sin importar la realidad y cómo esto afecta al otro. Pero va aún más allá, ya que la miopía social nos lleva a muchas veces ni siquiera a percibir la realidad del que hasta hace poco podía estar en nuestro círculo. Individualismo a pleno.

 

En su momento fue un acto de crueldad señalar a un jubilado por tener ahorros u hostigar a una persona por pensar distinto en épocas de largas cadenas nacionales que nublaban nuestra percepción.

Es cruel atacar a todo aquel que “no la ve” tirándole buena parte de un aparato detractor financiado con fondos públicos y que potencia la irracionalidad de los fanáticos.

 

Lo hemos dicho y lo reafirmamos: el fracaso de Macri y la esperanza malgastada en Fernández, se sumaron a la pandemia y sus consecuencias que aún azotan nuestro inconsciente, para conjugarse de manera tal que una persona que se autodenominó “anarco capitalista” fue elegida presidente para enfrentar a la “casta”. No hay remate.

 

Para la mayoría del pueblo la “casta” eran tanto los buenos como los malos de la película que veníamos sufriendo hace largos años, es decir una especie de remake del “que se vayan todos”, pero de buenas a primeras el emergente libertario y su entorno se transformaron en sommelier de “casta” e iluminados por las fuerzas del cielo impuso su visión que no necesariamente coincide con la visión popular, aunque logró que para muchos la “casta” sea el otro, aquel que piensa distinto, y eso es un triunfo cultural del nuevo gobierno. Quizás el triunfo que lo mantiene con alguna expectativa de profundizar algunas políticas.

 

¿Qué tiene que ver con la crueldad? Quizás como un mecanismo de defensa, la reacción frente a la tragedia colectiva suele ser la burla. Un extraño sentimiento de superioridad invade al individuo que disfruta de la desgracia ajena al punto de justificar o camuflar la propia.

 

Es difícil de sostener que la “casta” son los empleados de Télam o del Banco Nación, es más complejo suponer que cuando se quitan fondos a una provincia se está perjudicando a un gobernador (“casta”) y no al pueblo de esa provincia, pero por alguna razón ligada a la ambigüedad y el oportunismo todo puede ser “casta”, como en un momento el “cambio” era indefectiblemente algo positivo o la patria siempre inexorablemente el otro. Conceptos vacíos que por repetidos no ganan sustento.

¿Cuál es la reacción frente a esta situación? En algún punto el “que se vayan todos” es parte de un proceso que naturalmente está ocurriendo ya que el recambio político es inevitable, pero el impacto fue tal que aún no hay indicios reales de dicha renovación más allá de la irrupción de un par de excepciones interesantes. También es cierto que la gestión de Milei está quemando el crédito con el que asumen todos los presidentes sin pudor alguno, incluso jugando al límite todo el tiempo y abriendo todos los frentes de discusión imaginables. No llegamos a los 90 días y parecen meses.

 

En una sociedad aturdida, que se expresó en las urnas con mucho enojo y casi sin esperanzas, la crueldad de los exitosos expone la resignación de los otros. ¿Acaso no parece que buena parte de la sociedad está resignada o avasallada? Incluso aquellos que pelean por encontrar su lugar entre los triunfadores que se la saben todas están visiblemente resignados.

 

Este pequeño ensayo sobre la crueldad y la resignación quizás nos permita identificar algunas acciones o comprender algunas decisiones. No es nuestra intención abrir una nueva grieta, solo que reflexionemos en relación a la crueldad de algunas decisiones que son posibles solo sustentadas en la resignación de buena parte de la ciudadanía.

 

Tengan un buen fin de semana. La resignación nunca debe ser la respuesta a la crueldad. no seamos tan inocentes de caer nuevamente en una trama.

 

Hasta la próxima.

 

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