¿De qué lado estás?

¿De qué lado estás?

El intendente Guillermo Montenegro aún no descifra cómo plantarse ante la gestión encabezada por Javier Milei. La quita de subsidios y el inevitable aumento en el boleto del Transporte Público lo pone frente a una disyuntiva que evitó con cierto éxito en estos 60 días. La prudencia como herramienta.

19 de febrero de 2024

Quizás esta columna sea más breve que lo habitual o imaginamos que harán falta menos palabras para explicar una idea que ronda en la redacción hace ya unas semanas.

 

Hemos mencionado en más de una oportunidad que la gestión de Guillermo Montenegro no se caracteriza por sus hitos.

 

A grandes rasgos un hito es una acción o evento que marca una etapa o un cambio significativo en un proyecto (en este caso de vida o de ciudad).

 

La recientemente bautizada “Región Mar del Plata” está congelada en el tiempo. Quizás un cambio en la matriz turística, decidido unilateralmente y sin siquiera ser discutido en la campaña, sea el cambio más significativo de esta etapa. A este discutible logro debemos sumarle lo construcción de la “austeridad” que se basa en la exageración de algunos pequeños recortes y la publicidad de algunas cuestiones que sucedieron también en otras gestiones.

 

En realidad Guillermo Montenegro supo canalizar el rechazo histórico al kirchnerismo/peronismo tan propio de nuestra ciudad, incluso exacerbándolo a niveles ridículos en términos comunicacionales.

 

En su primera gestión el jefe comunal le resultó sencillo plantarse a un pusilánime Alberto Fernández y los ataques se centraron en la figura de Axel Kicillof. Primero fue la disputa en plena pandemia, luego algunas escaramuzas por cuestiones relacionadas a la salud o la inseguridad, la asignación discrecional de los subsidios al transporte y luego el inexplicable festival de anuncios previo a las elecciones, sin olvidarnos del escándalo de “El Marquesado”.

 

En todos los casos la gestión repetía que su prioridad es cuidar a los marplatenses y batanenses, intentando exponer al gobernador en una especie de juego entre buenos y malos, en el que en ningún momento se “paraba la pelota” para intentar resolver los conflictos enunciados con singular precisión por el alcalde.

 

En otras palabras se hacía política en base a la diferencia bloqueando cualquier posibilidad de acuerdo, el diálogo no era una instancia buscada pese a que siempre es necesaria. Frente a esta situación es hasta inevitable que muchos de los problemas enumerados continúen por estos días aquejando a nuestra ciudad.

 

Esta dialéctica le permitió a Montenegro triunfar en las últimas elecciones manteniendo el núcleo duro del votante antikirchnerista concentrado territorialmente en el centro de la ciudad. La cuestión territorial también es importante: el crecimiento desordenado de nuestra ciudad derivó en el surgimiento de una especie de “Gran Mar del Plata”, que no se vincula con el fantasma de la conurbanización al que se suelen hacer referencia desde el entorno del alcalde, sino a sectores en los que la presencia del Estado no está a la altura de las necesidades de los vecinos. Esos sectores son los que sufren la falta de planificación municipal en materia de salud, infraestructura o transporte. Los olvidados, incluso en plena campaña.

En este punto podemos volver a referirnos a la falta de hitos que es consecuencia de la falta de planificación o de la ausencia de un proyecto de ciudad. Los cambios no suelen ser fruto de un posteo en redes sociales.

 

¿Por qué nos adentramos en este tedioso análisis?. Porque en términos de construcción política Montenegro supo manejarse como pez en el agua señalando los errores de sus adversarios (considerados como enemigos para muchos de sus laderos) e intentando mostrarse distinto: simulando cercanía y abusando de su carisma.

 

El nuevo escenario político obliga al Intendente Municipal a cambiar su estrategia, o por lo menos a ajustarla. Kicillof sigue estando en la vereda de enfrente pero aún no deciden cómo plantarse frente a la gestión de Javier Milei. Aquí entran en juego un sinfín de conjeturas que no son más que conjeturas y que por lo tanto no vamos a desandar.

 

Lo cierto es que en poco más de 60 días el gobierno nacional eliminó el Previaje, recortó bruscamente la obra pública, intentó modificar la Ley Federal de Pesca, intentó quitarle a Mar del Plata el beneficio de Zona Fría y eliminó los subsidios al Transporte para el interior del país, dejando en pie solo los de AMBA.

 

La respuesta del jefe comunal ha sido hasta aquí ambigua, incluso se jactó de dialogar en búsqueda de soluciones e incluso agradeció ser escuchado por las autoridades nacionales. En sus últimas apariciones en medios capitalinos no se lo notó tan vehemente a la hora de repetir el latiguillo de defender a los marplatenses.

 

Pero algunas de las medidas tienen efectos concretos que afectan a los marplatense y batanenses que dice defender a capa y espada por lo menos puertas adentro. La eliminación del Previaje será un golpe muy duro a la “Mar del Plata de 12 meses” que anuncian como un logro casi exclusivo de la gestión local y la quita del subsidio al transporte significa otro golpe directo al bolsillo de cientos de miles de usuarios de un servicio que los tiene de rehenes y que han sido incapaces de modificar pese a los reiterados anuncios apocalípticos.

 

Ya no importa si los concejales delegan o no facultades, o si le brindan la herramienta de la emergencia en materia de Transporte.

 

Las crisis suelen manifestarse tempranamente en los Municipios por la caída de cobrabilidad de las tasas y la imposibilidad de planificar en contextos recesivos.

 

Llegó la hora de tomar una posición. Ya no es suficiente, aunque quizás necesario, con señalar las falencias de la gestión provincial. Tampoco alcanza con hacer antikirchnerismo en redes sociales. Hay que defender los intereses de cientos de miles de habitantes de la “Región Mar del Plata”, dejando de lado las apetencias políticas personales y el oportunismo mediático.

 

Seguramente Guillermo Montenegro estará a la altura del conflicto. En buena medida en su destreza política descansa buena parte de nuestra calidad de vida. Confiamos desde ya en su capacidad de adaptación, que quizás sea su mayor capital político.

 

Será cuestión de esperar y confiar.

 

Hasta aquí llegó esta reflexión repleta de subjetividades pero claramente imparcial.

 

Que tengan una buena semana. Nos leemos pronto.

 

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