Una ficción impropia de una región repleta de desafíos y temores. En donde los protagonistas logran tomar justo a tiempo la dimensión de los problemas que enfrentan y actúan en consecuencia. Una historia que desafortunadamente podría ser en buena parte realidad.
“Algunos personajes, declaraciones y hechos retratados en esta columna son completamente ficticios. Cualquier parecido con personas y situaciones o con hechos reales puede ser pura coincidencia”.
Algunas ciudades utilizan distintas figuras para honrar a personalidades o vecinos por distintas cuestiones, tal es el caso del título de “Ciudadano Ilustre” que consiste en el reconocimiento oficial y honorífico que podrá ser otorgado a personas físicas que residan permanentemente o hayan residido en el Partido de General Pueyrredon.
Según se indica, la persona propuesta debe haberse destacado y trascendido en el ámbito de acción de su desempeño. También podrá otorgarse a aquellas personas por sus actos en defensa de los derechos fundamentales reconocidos por la Constitución Nacional, por sus valores humanos y conducta de vida altruista que resulten inspiradoras y ejemplificadoras para los demás miembros de la comunidad.
La asignación del mencionado reconocimiento se otorgará mediante la sanción de una ordenanza y la entrega de un diploma honorífico y/o medalla con inscripción, en un acto convocado al efecto y presidido por el señor Presidente del Concejo Deliberante. Estas distinciones llevarán la firma del señor Intendente Municipal, del Presidente y Secretario del Departamento Deliberativo y la del concejal autor de la iniciativa.
Hasta aquí todo más o menos normal, dentro de los parámetros lógicos del proceso de construcción de identidad de cualquier ciudad. Una ciudad es en gran medida la suma de las acciones destacadas de sus ciudadanos, motivo de orgullo de sus conciudadanos y ejemplo para las generaciones que vienen. Un espejo en dónde verse reflejados y sentir pertenencia.
Algún día de enero a algún concejal en una noche de desvelo se le ocurre, o le sugieren (vaya uno a saber), declarar ciudadano ilustre a Horacio Verbitsky, alias El Perro. En este caso sería complicado porque Horacio nació en la ciudad de Buenos Aires, pero en tren de suposiciones «El Perro» puede que haya vivido gran parte de sus días en la ciudad y que prácticamente sea considerado uno de nosotros.
Horacio Verbitsky nació el 11 de febrero 1942, es un periodista y escritor argentino autor de más de veinte libros. Integró la Junta Directiva de la división latinoamericana de la ONG Human Watch. Presidió el CELS durante dos décadas. Escribió durante 30 años en Página/12. Además dirige el sitio informativo El Cohete a la Luna.
El concejal o concejala de alguno de los tantos bloques entiende que sobran los motivos para destacar al empresario de medios de dilatada militancia política (más allá de las contradicciones propias de una vida agitada) y comienza el trámite legislativo para presentar la iniciativa. El que no haya acompañado, leído o votado a un ex Montonero que tire la primera piedra comenta entre sus asesores.
Pero hay un pequeño detalle (no tan pequeño en realidad) no incluido en los considerandos. Corría el mes de febrero de 2021 cuando “El Perro” declaró: “Llamé a mi viejo amigo Ginés González García, a quien conozco de mucho antes que fuera ministro, y me dijo que tenía que ir al Hospital Posadas […] cuando estaba por ir recibí un mensaje del secretario de Ginés, que me dijo que iba a venir un equipo de vacunadores del Posadas al Ministerio y que fuera a darme la vacuna”.

Esa declaración disparó el escándalo del denominado “Vacunatorio VIP”, un sainete que eyectó del Ministerio de Salud a Ginés González García y que quizás fue el comienzo del fin de la gestión de Alberto Fernández.
Justamente el ex Presidente habló mucho por aquel entonces, indicó “es público y notorio que he debido tomar una decisión ante un hecho reprochable. Lo sucedido en el Ministerio de Salud fue un hecho que aunque excepcional no puede avalarse”. “Aun cuando los vacunados estaban en condiciones objetivas (por la edad o las condiciones físicas) de recibirlas”, no puede “dejar de observar que sobre esas personas se ha montado un escenario mediático de escarnio público y no quiero avalar con mi silencio semejante proceder”.
Justamente en el diario Página 12, el mandatario había contado que le dolió pedirle la renuncia a Ginés, pero reconoció que “lo que hizo es imperdonable”. “La política es ética, tenemos que terminar con este tipo de prácticas, con la cultura argentina de la viveza, la picardía, el manejo de las influencias”, agregó.
Fernández tuvo una frase desafortunada, que quizás influyó a la hora que el edil o la edil decidió avanzar con el reconocimiento a “El Perro”: “Terminemos con la payasada”, exclamó y exhortó a los fiscales y jueces a que “hagan lo que deben”, mencionando que “no hay ningún tipo penal en Argentina que diga ‘será castigado el que vacune a otro que se adelantó en la fila´, no existe ese delito. No se pueden construir delitos graciosamente”.
De acuerdo a esta interpretación el desliz del futuro ciudadano ilustre resultó ser algo menor, ya que en definitiva solo se adelantó en la fila, él y tantos otros solo se confundieron. Quién no lo hizo alguna vez y seguramente lo volverá a hacer. Pero en cambio esta conducta fue imperdonable para la coalición Juntos por el Cambio y así lo gritaron a los 4 vientos en 2021 y repitieron sus dichos al momento de fundamentar su rechazo a esta declaración.
Desde el interbloque oficialista argumentaron con indignación que el caso del Vacunatorio VIP fue de “una absoluta inmoralidad, hipocresía y apropiación de lo público”. Repitieron que “es hora que los vacunados en forma ilegal rindan cuentas a la justicia por este delito. No robaron ningún bien material, se robaron la esperanza y la salud de muchos argentinos”.
Los concejales del oficialismo calificaron la vacunación como “hechos inmorales” y que por consiguiente se deduce que los inhabilita a cualquiera de los vacunados a recibir semejante distinción. No pueden ser considerados ciudadanos que por sus valores humanos y conducta de vida altruista resultan inspiradores y ejemplificadores para los demás miembros de la comunidad.
“Es una vergüenza, mientras los abuelos esperaban sus turnos para vacunarse el gobierno la repartió con absoluta impunidad entre sus militantes y amigos”, sentenciaron.
En la misma línea se expresó el líder del radicalismo bonaerense, marplatense por adopción, que consideró que Ginés González García “terminó como tenía que terminar”, demostrando “la falta de ética”. La vacunación debió ser “de acceso público y en condiciones igualitarias” porque “muchos abuelos estaban esperando la posibilidad de vacunarse porque la vacuna representaba la vida”. “La impunidad y los privilegios fueron parte de la matriz del gobierno kirchnerista”, remató.
Ante semejante expresión conjunta del oficialismo local el proyecto naufragó casi sin ver la luz. Es comprensible que los actores políticos relacionados a Juntos por el Cambio no aceptaran convalidar semejante distinción a una persona que según los dichos de los propios miembros de la coalición en aquel febrero de 2021 se robó la esperanza y la salud de muchos argentinos. El Perro se quedó sin reconocimiento.
Está breve historia no fue más que un ejercicio de ficción, desde ya que lo concejales y funcionarios se encuentran abocados por estos días al debate del presupuesto en una región Mar del Plata que transita una temporada modesta, acorralada por las ajustes que hace pocos días dejaron a la ciudad sin transporte y al borde de un nuevo aumento de boleto, con el sector pesquero temeroso de la sanción de una ley que perjudica la actividad, con una inflación galopante que obligará a reajustes en las tasas según lo argumentado el debate de la Fiscal Impositiva y con una inseguridad que parece crecer al ritmo de la crisis.
Por supuesto que nuestros representantes son conscientes que no es el momento para ese tipo de escandaletes impropios en tiempos de crisis social, no es necesario poner directa o indirectamente en discusión aquello que todos sabemos que estuvo mal y esconderlo o camuflarlo en pos de colmar algún ego insaciable. Nadie es tan imprudente como para exponerse de semejante manera frente a sus pares y frente a la sociedad.
Por desgracia algo nos dice que está historia no termina acá y que muchas veces la realidad supera a la ficción. Ojalá nos equivoquemos.
Que tengan una buena semana. Hasta la próxima.