La euforia cede ante la preocupación. La primera semana de Javier Milei estuvo signada por los anuncios incompletos y horrores comunicacionales. Kicillof amenaza con el fantasma del patacón y Montenegro delinea el presupuesto de las malas noticias. El tándem Macri-Milei y su primera derrota.
Nuestro país desafía las reglas que nos impone el calendario. Hace tan sólo una semana asumieron la mayoría de los intendentes, buena parte de los gobernadores y el nuevo presidente.
Quedó lejos la euforia. El desgaste es brutal, en buena medida producto de la mala praxis política pero también de la ansiedad social. Este año nos impuso un ritmo insoportable del que todavía no podemos escapar.
Hasta ahora las malas noticias cotizan en alza. Por algún extraño motivo parece que para muchos cuánto peor parece mejor será.
Incluso el gobernador Kicillof que venía cultivando perfil bajo, dejó trascender que ante una posible disminución (al punto de la eliminación) de ingresos provenientes de la administración central estaría en estudio la emisión de una cuasi moneda para evitar la paralización de la gestión provincial. Quizás la maniobra del bonaerense sea una forma de intimidar a ¿Caputo o Francos? puesto que se descuenta que serían muchas las provincias que seguirían sus pasos.
En nuestra ciudad también se muestran decididos en aprovechar esta supuesta ventana para las malas noticias: el Ejecutivo pidió una nueva prórroga para la presentación del presupuesto, momento en que conoceremos el futuro aumento de tasas y confirmaremos el aumento superior al 140% solicitado por OSSE para las primeras cuotas del año entrante. Hace unos días Montenegro ya demostró que no le temblará el pulso: el brutal aumento del Transporte Público fue tan solo un adelanto.

Los primeros días de Javier Milei al frente de la Casa Rosada han sido tan caóticos como las semanas previas a la asunción. En el entorno del presidente parecen empecinados en construir rápidamente un relato fundacional, incluso a riesgo de caer en algunas contradicciones. En este punto es donde nos preguntamos si en algún momento de la historia la política no fue sólo construcción de un relato. Quizás ahora estemos asqueados de tanta mentira y veamos los hilos que en otras épocas eran menos visibles.
Más allá del particular armado del gabinete, de los horrores comunicacionales en la transición y del nombramiento de un nuevo vocero militante, mucho se habló del aprendizaje de épocas macristas en cuanto a la inviabilidad del gradualismo y la necesidad imperiosa de un shock. Hasta ahora el shock se tradujo en una sorpresiva devaluación que llevó al dólar oficial a los $820, el resto de las medidas son trascendidos de redes sociales confirmados solo para ser desmentidos u olvidados a las pocas horas.
La gestión parece no tener rumbo, o por lo menos no encontrar las herramientas ni las formas de las que hicieron gala durante toda la campaña. Un ex candidato a presidente con poca suerte y pocos votos dijo que la sociedad estaba tan agotada que el plazo ya no era de 100 días sino de 100 horas: estaba en lo cierto. 4 días.
La inflación ya golpea con fuerza los bolsillos de los asalariados penosamente en vísperas de las festividades. La mitad de la población ya le asigna a esta gestión alguna responsabilidad (compartida o única) de lo que será la inflación de diciembre, seguramente la más alta desde principios de los 90s.
Los anuncios sobre la quita de subsidios, privatizaciones e intervenciones están repletos de inconsistencias, incluso este fin de semana dejaron trascender que se está negociando una especie de acuerdo de precios de cara a fin de año, algo que va totalmente a contramano de lo vociferado por el presidente durante los últimos años.
Claramente no existía un plan, o quizás si existía uno y fue fácilmente infiltrado. Nadie puede decir que no se los advirtió. Lo cierto es que las idas y vueltas empiezan a generar ruido, y es por eso que se necesita más que nunca un relato que proteja a Milei de sí mismo.
El presidente optó por resguardar un poco su imagen y alejarse del foco, hasta que este domingo cometió un par de errores que atentan contra la lógica del hombre común que tiene a su coherencia como fiel compañera ¿?.
El presidente ya había tenido un comportamiento llamativo cuando luego de anunciada la devaluación decidió participar de las festividades de Janucá entre risas y abrazos. Más allá de las justificaciones oficiales no fue una buena decisión.
Este domingo Milei fue un paso más allá: frente a los trágicos sucesos que azotaron a la ciudad de Bahía Blanca, el presidente optó primero por ir a votar a las elecciones del Club Atlético Boca Junior para apoyar a su aliado Mauricio Macri y luego partir con una numerosa comitiva rumbo a la ciudad del sur bonaerense para mostrarse dubitativo y montar una puesta en escena de dudoso buen gusto.

El resultado de semejante maniobra fue una defensa absurda con alusión a la hombría de Milei de la Canciller Diana Mondino, algunos insultos en la Bombonera (y una dolorosa derrota de Macri) y miradas perplejas en el lugar de la tragedia. Lo que quizás sea más grave para el corazón del incipiente relato, Milei se transformó en meme por primera vez en su gestión.
En este contexto buena parte del país reportó problemas con el suministro de energía y la respuesta oficial fue anunciar que se dictará la emergencia energética y sostener la intervención de entes de control. Mucho ruido para tan pocas nueces.
Es verdad que solo pasó una semana desde su asunción, pero desde esta columna nos gusta dar consejos: entre tanto guionista que lo rodea debe existir al menos una mente sagaz que se diga “cuidemos al león, porque sus nuevos amigos quizás no sean nuevos ni sean sus amigos”.
Cambiando de tema y antes de despedirnos, Milei fue a votar a Macri en plena tragedia climatológica en una elección en la que Macri ni siquiera concurrió a votar. El calabrés a veces se pasa de exigente.
En las últimas semanas nos venimos preguntando cuestiones en torno al poder, y hay una definición que se nos había escapado: “tener poder es que la gente te quiera”. Tan simple y real como una gambeta.
Hasta la próxima, que tengan una buena semana.