Guillermo Montenegro asumió su segundo mandato al frente del Partido de General Pueyrredon. Su discurso de asunción no dejó mucha tela para cortar. La austeridad es una necesidad más que una opción. La irrupción del concepto de región.
Finalmente llegó el día. El intendente Guillermo Montenegro asumió formalmente su segundo mandato al frente del Municipio de General Pueyrredon.
Una novedad que surgió en los últimos días es la decisión comunicacional de hacer referencia al Partido de General Pueyrredon como la “región de Mar del Plata”.
Se define región como:
Un territorio que constituye una unidad homogénea en un determinado aspecto por circunstancias históricas, políticas, geográficas, climáticas, culturales, lingüísticas o de otro tipo.
Cada una de las divisiones territoriales de un país que tiene las mismas características geográficas e históricas o culturales, pero no administrativas; se puede dividir a su vez en provincias, departamentos, etc.
La utilización del término apenas encaja con la segunda de las acepciones, pero es de suponer que se intenta hacer referencia a algo más grande que la ciudad sin dejar de mencionar a la ciudad. Si se quiere es la innovación comunicacional más importante de los últimos meses. No está mal, tampoco vamos a criticar todo.
En relación a la crítica es importante aclarar algunas cuestiones: esta columna es subjetiva pero imparcial, es decir no tiene la objetividad de la noticia dura (porque analiza desde una perspectiva determinada) pero carece de parcialidad. No existe animosidad para con el alcalde, nunca haremos referencia a cuestiones que excedan a la gestión ni apelaremos a golpes bajos. Entendemos que puede molestar una mirada crítica entre tanto material influenciado por el poder, pero deseamos, al igual que todos los que habitamos la región Mar del Plata, que a Montenegro y su equipo le vaya muy bien. Una vez dedicado el párrafo a aclarar lo que quizás no hacía falta, seguimos con nuestra acidez habitual.
Antes de adentrarnos en el análisis del discurso de asunción de Guillermo Montenegro, no podemos dejar de comentar que así como quien no quiere la cosa en la semana se firmó la continuidad de prestación de los servicios de Transporte Público por dos años o hasta la adjudicación del proceso que se está llevando a cabo o el que se sustancie para la concesión del servicio.
La medida se refiere a los Contratos de Concesión del Servicio Público de Transporte Urbano Colectivo de Pasajeros celebrados entre esta Municipalidad con las siguientes firmas: Empresa de Transporte Peralta Ramos SA; Empresa de Transporte 12 de Octubre SRL; y Empresa Batán SA.

Para aquellos que se sorprendan por la existencia de tan solo 3 empresas prestatarias del servicio de Transporte Público, debemos recordar que hace un año se dispuso la caducidad de las empresas 25 de Mayo y El Libertador. El intendente articuló un sistema de emergencia para el funcionamiento del servicio, mediante el que la empresa 12 de Octubre absorbió los servicios prestados por “El Libertador”, mientras que la Peralta Ramos hizo lo propio con los que eran gestionados por la empresa 25 de Mayo.
Según lo dispuesto por la resolución las empresas deben:
Garantizar la continuidad de los servicios,
Mantener el plan de inversiones del parque automotor que dispone el vínculo original,
Demostrar la capacidad económica financiera,
Mantener la vigencia de los seguros de caución,
Garantizar la continuidad de la totalidad del personal afectado a los servicios concesionados.
Alguno dirá que la prórroga es excesiva (el plazo), que no fue anunciada cuando presentaron con bombos y platillos la llegada de 25 nuevas unidades, ni fue mencionada siquiera al momento de retirar el pliego del tratamiento legislativo, pero a fuerza de ser honestos intelectualmente la prórroga puede verse interrumpida ante un avance del proceso licitatorio y es casi imposible diagramar un esquema de inversiones en este contexto de incertidumbre económica. Es una medida previsible. Las futuras decisiones políticas nos permitirán analizar sin prejuzgar. Debemos sentarnos a esperar, así como esperamos un colectivo.
Ahora sí llegó el momento de analizar algunos destellos que dejó el discurso de asunción del alcalde frente a un repleto recinto de sesiones del Concejo Deliberante.
En líneas generales Montenegro repitió el discurso de campaña. Si algún desprevenido esperaba definiciones sustanciales deberá seguir esperando. El modelo Mar del Plata se asienta en el acuerdo político y el pragmatismo. La gestión es coyuntural, no se trazan objetivos puntuales más allá de algunas vaguedades. La “improvisación” parece sentarle bien a Montenegro ya que él centraliza las decisiones, y como diría su lugarteniente el Senador provincial Alejandro Rabinovich, “son fuerzas políticas que comparten valores y son guiadas por el intendente”: Montenegro es quien conduce.
Todo eso quedó plasmado en un previsible discurso que merece algunas consideraciones.
Es innegable la vocación (discursiva) de la gestión por incentivar la creación de empleo, según los dichos del jefe comunal “el que genera empleo de calidad es el privado y por eso había que sacarle la pata de encima, dejarlos trabajar y crecer. Porque entendemos que si a una empresa le va bien, contrata más gente y eso se traduce en más trabajo para quienes viven en la región”. Más allá de la afirmación, la región Mar del Plata se ubica como uno de los conglomerados con mayor desocupación de nuestro país, bastante por encima del promedio nacional. Todavía hay mucho por hacer, o quizás hacer alguna otra cosa además de las que se han puesto en práctica.

En otro de los párrafos destacados el intendente hizo una referencia que bien podría ser una respuesta a nuestra última columna, pero no nos creemos tan importantes: en relación a la austeridad indicó que “esta decisión forma parte de una idea que tenemos muy en claro desde el principio, no es una ola a la que nos subimos”, y remató indicando que “eso (por la austeridad) significa más recursos para la ciudad, recursos que por supuesto son de los marplatenses, no de un intendente o un partido político”.
Desde este espacio insistimos en que se avecinan épocas en las que la austeridad no será una opción, que algunos ajustes debieron o pudieron hacerse durante la primera gestión, que muchos de los ajustes anunciados son cosméticos, y que ojalá sirvan para algo más que un par de párrafos en un discurso. Además sería mucho más rentable en términos políticos indicar las obras o acciones que se llevarán adelante en virtud de los ahorros generados por “la política de austeridad” en lugar de responder con cierta vehemencia a la opinión de algunos con derecho a opinar. Seguramente tomarán nota de la sugerencia.
Otro de los puntos salientes lo encontramos en el llamado al diálogo: “lo tenemos muy claro: esto (en relación a una buena gestión) no se logra con confrontación, se logra con diálogo y escuchando”. Esta afirmación resulta llamativa ya que desde el entorno del intendente han hecho de la confrontación una constante, basta con tomarse unos minutos y repasar posteos en redes sociales de dirigentes oficialistas. Esta gestión construyó buena parte de su identidad en base a la sobredimensión de un adversario a riesgo de transformarlo en enemigo.
El intendente afirmó que “la seguridad siempre va a ser prioridad. Por eso va a haber una mesa de trabajo multidisciplinaria, y por eso vamos a seguir pidiendo que las fuerzas federales vengan a nuestra ciudad, porque defender a las personas que viven en la región Mar del Plata es un trabajo de todos los días”, algo que suponemos ya debe estar acordado con la flamante ministra Patricia Bullrich. Punto a favor.
Para finalizar con el repaso del discurso, una frase quedó retumbando en nuestros oídos. “Voy a ser implacable con los que no funcionen: los que no estén a la altura o no cumplan con su función, no formarán parte de mi equipo, se les pedirá la renuncia, y seguiremos trabajando por nuestra región Mar del Plata”. Lo decíamos hace unos días y lo repetimos en esta oportunidad, es extraño que una persona que ejerce el poder con la prestancia que lo hace Guillermo Montenegro deba advertir públicamente a sus funcionarios cuando sabemos que también lo hace en privado. Es un gesto de autoridad que roza el autoritarismo, una sobreactuación innecesaria, y sobre todo una advertencia que bien puede volverse en su contra en un abrir y cerrar de ojos. Innecesario.
Hasta aquí llegamos. Llegó la hora de abandonar el modo campaña electoral y retomar la lógica de la gestión. Seguiremos aportando nuestro punto de vista. Es tan solo periodismo.
Hasta la próxima, que tengan una buena semana.