Javier Milei fue electo presidente y el sistema político ya nunca será lo que era. Juntos por el Cambio se dobla pero todavía no se rompe. En nuestra ciudad el intendente amenaza con cambiar todo para que nadie cambie pero sigue sin definir el perfil de su segunda gestión.
Finalmente Javier Milei fue electo presidente. Con algo más del 55% de los votos quien supo definirse como anarco capitalista para luego apropiarse del mote de libertario se impuso al candidato oficialista.
Las cifras hablan por sí mismas: retuvo todos sus votos, pese a los indispensables guiños a la casta, que le permitieron sumar casi la totalidad de los votos obtenidos en las generales por Patricia Bullrich y también el voto antikirchnerista que supo captar Schiaretti en octubre.
La campaña del miedo sucumbió ante el resurgimiento del anti kirchnerismo explícito. Son muchos los que afirman que el contrato entre buena parte de la sociedad y el justicialismo (en sus múltiples formas) se rompió en la pandemia, pero era casi imposible que un oficialismo con tan pocos logros para mostrar pueda imponerse en la lógica continuidad o cambio. Es un resultado lógico, la alternancia era casi inevitable.
A esta altura ya no vale la pena analizar el fenómeno Javier Milei, debemos centrarnos en el próximo presidente y dejar para los aplaudidores de turno el repaso de supuestas bondades. Caer nuevamente en la misma trampa que caímos en épocas en las que Alberto Fernández era el “Capitán Beto”, un profesor moderado al frente de un gobierno de científicos, es una muestra de inmadurez imperdonable.
En sus primeras apariciones Javier Milei se pareció más a Javier Milei que a su padrino Mauricio Macri, quien en estos días está muy ocupado en destronar a Riquelme de la presidencia de Boca.

El presidente electo tomó el centro de la escena el domingo y les habló solo a los argentinos de bien, no sobraron los gestos de convivencia democrática, a las pocas horas enfatizó que no habrá “gradualismo” en su gobierno, y anticipó un año muy “complicado” en materia económica. Es difícil no caer en la tentación de repasar que su diputado favorito prometió derogar el aborto, no sabemos si es una propuesta de primera o segunda generación (o tan sola una bomba de humo), que no supo o no quiso despejar dudas sobre la posibilidad de no poder hacer frente al pago de aguinaldos, y que repitió que va a privatizar YPF y el conglomerado de medios públicos.
Su gabinete tiene una innegable impronta menemista reloaded, incluso el diseño que acompañó su primer discurso como presidente electo tiene ese aire de “cipayismo” tan característico de los 90s.
Más allá de las anécdotas, la llegada de Milei a la presidencia desdibujó el sistema político con el que veníamos conviviendo. Utilizamos el término desdibujar porque el sistema se niega a aceptar que ya no existe. El justicialismo está abatido pero los justicialistas intentan encontrar un líder entre los escombros. Juntos por el Cambio sabe que ya no existe, pero aún están en la etapa de negación: el tímido comunicado emitido por los gobernadores en la tarde del miércoles contrasta con la renuncia formal presentada por Elisa Carrio.
Es evidente que los halcones se impusieron en la interna de JxC, al menos en el imaginario de los políticos, y fueron los halcones quienes apoyaron sin mediar diálogo y/o acuerdo interno con las otras fuerzas a La Libertad Avanza. En una coalición normal esto significaría la inmediata ruptura para un posterior reacomodamiento ideológico incluso en buenos términos, pero parecen empecinados en una construcción política que ya no tiene nada en común, ni siquiera el cambio.
La timidez o la comodidad del radicalismo parece amenazada sólo por la intención de Facundo Manes de presidir el bloque unificado de diputados nacionales de la UCR previa ruptura del interbloque de Juntos por el Cambio. El legislador no esconde que se sintió desplazado por la conducción del radicalismo bonaerense que privilegió un acuerdo con Macri, que según indican derivó en “menos legisladores, menos intendentes y una pérdida real de poder territorial”.

Mientras tanto en nuestra ciudad, Guillermo Montenegro parece dispuesto a cambiar todo para que nada cambie. El auto gatopardismo tiene implícito una aceptación del propio fracaso. El intendente parece empecinado en vociferar que hay funcionarios (de su gobierno) que no funcionan, pero no indica el motivo real o aparente que lo llevó a mantenerlos en sus cargos durante todo este tiempo. En términos políticos la oxigenación es indispensable, pero puede explicarse sin necesidad de aceptar un fracaso negado hasta unas semanas.
El planteo del intendente deja a todos los funcionarios tambaleando, excepto un par de nombres que parecen inamovibles en virtud de acuerdos pre existentes. En definitiva y fiel a su estilo el alcalde juega a las escondidas, y desconocemos la impronta que tendrá la segunda gestión de Montenegro aunque sospechamos que será similar a la que todavía no dejamos atrás.
En nuestra ciudad queda dilucidar si el Encuentro Marplatense será algo más que un efímero acuerdo electoral y también esperar cual hondo caló el acompañamiento explícito a LLA del devino en halcón Emiliano Giri y otros exponentes locales del PRO en la lógica de una coalición de gobierno casi inexplicable cuyo único sustento parece ser la “gestión”.
Llegó la hora de despedirnos hasta la semana que viene, y seguramente se preguntarán por qué la columna es un poco menos extensa que otras, simplemente porque hay momentos en los que el silencio es salud o servicio.