Las fuerzas políticas analizan los ajustes de campaña entre el Enduro y el escándalo en la Secretaría de Cultura, pero sigue dándole la espalda a miles de marplatenses y batanenses a los que consideran meros votantes a cooptar.
Mar del Plata es una ciudad de contrastes. Quedó demostrado en el mapa post electoral: el oficialismo triunfó sólo en los circuitos céntricos (366, 366A y 367). Estos circuitos electorales son los de poder adquisitivo medio o medio/alto, en dónde la inseguridad aún sorprende, en los que utiliza menos el transporte público por cercanía a sus lugares de trabajo, en donde las luces aún están encendidas cuando se oculta el sol, entre otras tantas cuestiones.
Desde ya que los ciudadanos que viven en el “centro” no tienen responsabilidad/culpa alguna por la pésima gestión del oficialismo en algunos barrios de la ciudad. Muchos vecinos ni siquiera saben cómo se vive en el “gran Mar del Plata”. No tienen por qué saberlo, ni sufrirlo.
En la actualidad el “Gran Mar del Plata” es todo aquello que se ubica más allá de J. B. Justo, Estrada y algunas cuadras al oeste de Jara. El mar es el límite natural.
En esa Mar del Plata desconocida para muchos los locales cierran temprano por temor a la inseguridad, los vecinos hacen grupos de WhatsApp para estar alertas cuando apenas cae la noche, temen por la seguridad de sus hijos al volver de las escuelas, las escuelas se caen a pedazos, las plazas están tomadas por “bandas” dedicadas a actividades ilícitas, los tiroteos entre esas bandas son moneda corriente y la violencia dice presente a la vuelta de cada esquina.

El Estado está ausente. Solo muestra la cara del asistencialismo y de la prebenda. Ante ese Estado ausente los políticos parecen recorrer esas zonas en búsqueda de una cercanía impostada. Cada recorrida es algo así como una visita al más allá. Se animan una vez cada 2 años a cruzar la frontera de la comodidad y abusan de las fotos como si un abrazo oportunista pudiera reemplazar años de abandono.
Las urnas hablaron, y en algunas mesas de establecimientos de la periferia el oficialismo se ubicó tercero (por debajo de Encuentro Marplatense y La Libertad Avanza). No es necesariamente un mérito de las otras fuerzas políticas, es un llamado de atención a Juntos por el Cambio que no solo deberá ajustar una campaña que fue caótica por ausencia de su líder, sino que deberá mejorar la gestión, pero no para obtener votos, sino porque los cientos de miles de marplatenses que viven en esa Mar del Plata olvidada merecen vivir mejor.
Mientras tanto, en el Concejo Deliberante manejan su propia agenda: pocas veces existió un divorcio tan marcado ente los ciudadanos y sus representantes. En el deliberativo hace falta disrupción, entendiéndose como un proceso o un modo de hacer las cosas que debe imponerse y desbancar a los que se vienen empleando. Hace ya un tiempo que el deliberativo entró en una dinámica absurda impropia de la buena voluntad de muchos de sus integrantes. El deliberativo ya no es la caja de resonancia de la política local. Sus pasillos ya no hablan y sus paredes ya no miran.
Hace tan solo unos días nos enteramos que un “olvidó” de las autoridades de la Secretaría de Cultura derivó en un escándalo con supuestas renuncias varias. Desde Encuentro Marplatense, principal fuerza opositora, hablaron de falta de gestión.
Desde ya que es grave lo sucedido, pero acaso no son aún más graves los enfrentamientos entre bandas en distintos sectores de la ciudad con múltiples heridos que no salen en la tapa de los portales o los sucesos de violencia ocurridos por ejemplo este fin de semana en el barrio Parque Hermoso. Parece que no. La agenda de la política es otra.
Por eso al oficialismo aún le alcanza con solo ganar los circuitos céntricos y armar un par de recorridas oportunas y mediáticas en el resto del territorio. Los ciudadanos ya no creen que alguien puede cambiar su realidad, por lo menos los mismos de siempre. La negación de la política no hace más que forjar la irrupción de fenómenos mesiánicos y vacíos.

Desde Encuentro Marplatense se envalentonan en convencer a aquellos que no fueron a votar, “ajustar” a lo propios que votaron por Javier Milei (que no son pocos) a modo de castigo por la desastrosa gestión económica y enamorar a algún que otro larretista herido. Gustavo Pulti y su equipo serán claves en esta cruzada, pero el corazón kirchnerista también.
La diferencia que separa a Fernanda Raverta de Guillermo Montenegro es amplia pero no definitoria.
Desde el oficialismo apostarán al encuentro cara a cara con los vecinos (ese que había quedado relegado entre las dudas del alcalde), también buscarán a los ausentes e intentarán explicarle a algún libertario que la más parecido a libertario en nuestra ciudad es Montenegro, abusarán nuevamente del anti kirchnerismo como bandera y el intendente intentará retomar el vértigo que supo caracterizarlo. Ya no hay mística, y quizás haya resquebrajamientos de viejos acuerdos y también un poco de fatiga. Pero mantener el poder es indispensable para muchos.
No sabemos qué piensan en La Libertad Avanza, creemos que están entre memes y una algarabía adolescente que puede llevarlos al ocaso o a un éxito impensado, pero a fuerza de ser sinceros lo mismo creímos antes de las PASO. No caeremos en el error de subestimarlos. Algo están pensando.
Los ajustes de campaña no significan cambios de fondo, son maquillaje. Hace un tiempo largo que no tenemos un proyecto de ciudad con al menos una decena de puntos básicos en los que todas las fuerzas concuerden (o al menos aporten en disidencia). Es más importante el interés individual que el colectivo. No hace falta hacer nombres.
Quedan un par de meses para elegir quién estará al frente de la ciudad en los próximos cuatro años. Debería ser algo más que un juego de ajustes de votantes, pero es mucho menos de los que deseamos. Siempre parece menos de lo que deseamos.
Ojalá, y por el bien de todos prime el sentido común, pero la experiencia indica que lamentablemente nada será tan distinto el 11 de diciembre. Para algunos será una buena noticia, para otros una desilusión.
Arriba ese ánimo, es lunes y aún quedan unas cuantas semanas para cambiar impresiones equivocadas.
Hasta la próxima.