Entre la anomia y el oportunismo

Entre la anomia y el oportunismo

Las consecuencias de las PASO escalan más allá de lo previsto y lo deseable. La crisis económica y la violencia verbal quedó relegada frente a los saqueos, que nos pusieron cara a cara con nuestras peores pesadillas.

24 de agosto de 2023

Algunas veces el ruido de la calle aturde incluso a aquellos que suelen hacer oídos sordos. En las últimas horas se repitieron rumores de “saqueos” en la nuestra ciudad. La zona sur fue el epicentro de múltiples especulaciones. Con el correr de las horas algunos eventos delictivos fueron confirmados, pero el único ganador de una jornada para el olvido fue el miedo.

 

Fueron muchos los comercios que cerraron sus puertas víctimas del temor. Algunos días atrás unos pocos comercios bajaban las persianas por la escalada inflacionaria, también tenían “miedo” e incertidumbre, pero son fenómenos distintos, aunque ambos pintan una realidad tenebrosa.

 

Los argentinos vivimos cada vez peor. Nuestra cotidianeidad es brutal. El miedo es moneda corriente. La incertidumbre es nuestra infiel compañera. Nada puede salir bien.

 

La onda expansiva generada por algunos saqueos con tufillo a operación es un golpe al corazón del poder. Las versiones corrieron a la velocidad de la imprudencia de las redes sociales. Existieron saqueos, lo aceptaron las autoridades de distintas provincias.

 

El oficialismo hace gala de su acefalía. Las máximas autoridades del Poder Ejecutivo Nacional brillan por su descarada ausencia. La vocera presidencial no duda irresponsablemente en culpar a Javier Milei y Patricia Bullrich de instigar este tipo de conductas. Aníbal Fernández desmiente a la vocera. Alberto declara como cuando su máxima obligación era pasear a Dylan y se desconoce el paradero de Cristina Fernández. En esta ocasión Sergio Massa parece más una víctima de la situación que un victimario.

La política reaccionó nuevamente de la peor manera. A las voces que culparon (sin mostrar pruebas) a dirigentes de la oposición se sumaron las voces de la oposición que se auto referenciaron como los que vendrán a poner orden frente a este caos. A ninguno le importa que la población tenga miedo, les importa posicionarse de cara a octubre, aprovechar la evidente descomposición social sin mostrar aptitudes para recomponer el tejido que parece muy dañado.

 

Las PASO generaron el peor escenario. La culpa no es de los votantes, la responsabilidad de gestionar el conflicto social es de los políticos: el oficialismo suma fracasos, pero la oposición no entiende que los perjudicados son los ciudadanos relegados a simples votantes. Es necesario dialogar, al menos para evitar que el sufrimiento sea mayor. El diálogo no es una muestra de debilidad, es un ejercicio indispensable entre aquellos que se pelean por manejar la cosa pública.

 

La devaluación post PASO fue brutal. La escalada de la violencia discursiva fue tan brutal como la devaluación. Los saqueos son una consecuencia de la irresponsabilidad de la política. El sistema no está preparado para las PASO, no solo que no las entiende, sino que les teme, y ese temor se traslada a la población.

 

Cuando Mauricio Macri recibió un cachetazo de la realidad nos mandó a dormir y dejó correr al dólar. Sergio Massa no nos mandó a dormir porque cuando habló muchos ya dormían, pero devaluó y dejó escapar el “blue”. Ambos jugaron un juego parecido, dejar que todo llega a un punto en que algunas variables se retrotraerían inevitablemente. El daño ya estaba consumado: los simples y denigrados votantes somos más pobres de lo que éramos antes de concurrir a las urnas. Votar parece la antesala de un castigo.

 

En algún punto deberíamos preguntarnos qué podemos esperar en un país en donde sobran los instigadores confesos de las tragedias de 1989 y 2001, un país en el que existen secretos tan bien guardados que nadie se anima a desbloquear, en el que una ciudad voló por los aires para esconder vaya uno a saber qué, un país en el que el hijo de un ex presidente murió en un evento repleto de especulaciones, un fiscal que había denunciado a la actual vicepresidenta fue encontrado sin vida horas antes de concurrir al Congreso y la mismísima vicepresidenta fue víctima de un atentado. El 90% de los expuesto sigue en el limbo de la discusión interesada. La violencia late impune. Es lógico tener miedo.

 

No es menos cierto que elegimos a los mismos de siempre pese a que gritamos que se vayan todos, y cuando elegimos a otros no parecen mejores de los que están, solo distintos, lo que no es una garantía de confianza precisamente. Ese es el valor de Javier Milei: es distinto, aunque no sabemos si es mejor, peor o igual de mediocre que los de siempre.

 

SPOILER ALERT: no se va a ir nadie, en La libertad Avanza (como en todas las alianzas que sobrevivieron a las PASO) hay más pasado que futuro.

 

Nuestra ciudad fue una de las grandes urbes en donde se registraron eventos asemejables a un saqueo. La definición es compleja porque la violencia e inseguridad en la periferia es moneda corriente. Los comercios cierran temprano habitualmente porque son víctimas de robos violentos. Los delincuentes merodean las zonas comerciales ante la pasividad o ausencia de la policía. No suele ser tendencia en las redes sociales, pero el miedo está casi siempre presente. Conviven con el miedo.

El Intendente Guillermo Montenegro se movió con rapidez. La gestión del alcalde no es precisamente brillante (los resultados de las PASO lo dejaron en evidencia), pero Montenegro tiene la habilidad de mostrarse como un buen piloto de tormentas y a fuerza de ser sinceros suele ser efectivo.

 

Un dato llamativo fue la forma en que Montenegro decidió mostrarse para afrontar esta crisis: el intendente optó por estar solo acompañado del responsable de seguridad del municipio. No hubo mesas pluripartidarias o políticamente correctas en esta oportunidad (recordemos el olvidado affaire Grabois), tampoco convocó a sus socios políticos: estuvo prácticamente solo. Un dato llamativo si comparamos la reacción ante la supuesta toma de terrenos con la puesta en escena frente a una amenaza latente de saqueos.

 

Para finalizar, la anomia es el estado de desorganización social o aislamiento del individuo como consecuencia de la falta o la incongruencia de las normas sociales. Las normas sociales son un conjunto de reglas que deben seguir las personas de una comunidad para tener una mejor convivencia.

 

En este caso la anomía es directamente provocada por la pérdida de centralidad del Estado producto de pésimos gobiernos. Los primeros que rompen las reglas son aquellos que demarcan la cancha, los que amenazan la convivencia pacífica son los que deben garantizarla. Argentina es un país que parece no dar tregua. No debemos sentirnos orgullosos, debemos asumir la responsabilidad de cambiar las reglas de juego, al menos empezando por las pequeñas cosas que están a nuestro alcance. No somos ni el mejor ni el peor país del mundo, somos lo que supimos construir.

 

Merecemos algo mejor. Lo sabemos. No podemos seguir conviviendo con el miedo, porque se convertirá inexorablemente en parte de nuestras vidas.

 

Ojalá podamos volver a parlotear sobre las tilingueadas que abordamos habitualmente.

 

Hasta la próxima.

 

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