Faltan menos de dos semanas para las elecciones PASO. Ya no hay tiempo para entender por qué este sistema funciona de esta manera. La campaña en la ciudad está nacionalizada. Encuentro Marplatense intenta forjar su lugar en el escenario electoral. ¿Qué pasa con Javier Milei?.
En las últimas columnas venimos exteriorizando algo que podríamos denominar “realismo electoral”: algo así como un proceso en el que como ciudadanos asumimos que el turno electoral no estará a la altura de los problemas a resolver. La sensación es similar a la de darse un golpe de frente contra una pared con los ojos abiertos: lo vemos, pero no podemos evitarlo.
Ese “realismo” nos impide en cierta medida distraernos en aquello que deben tener este tipo de columnas: análisis de campañas, datos sobre encuestas de dudosa procedencia, vinculaciones caprichosas de acciones políticas mínimas con posibles alteraciones en la voluntad popular, y una infinidad de nimiedades.
Pero debemos volver, y lo haremos.
Los políticos se autoperciben importantes sin contar con fundamentos para hacerlo, pero los entornos y los microclimas que esos entornos generan logran un efecto particular, el de otorgar centralidad a cuestiones periféricas. En esa lógica transcurre la campaña de cara a las PASO.
Hemos destacado en más de una oportunidad que el sistema electoral atenta contra el sistema político. Es indispensable evaluar la implementación de las PASO para tomar decisiones. Las primarias no son un valor en sí mismo, son sólo un mecanismo en pos de un valor mucho más importante. Las PASO no deben transformarse en una bandera a defender ciegamente. Hay cosas por mejorar. Es una de las tantas asignaturas pendientes de la política que parece empecinada en autodestruirse.
Es (in)necesario aclarar que la campaña en nuestra ciudad está nacionalizada. Casi ninguna fuerza está discutiendo el plano local. Encuentro Marplatense es la excepción a esta regla: el tono de la campaña propuesto por Fernanda Raverta no es muy distinto al que intentó imprimir hace 4 años, sin el impulso electoral inesperado de aquel Frente de Todos y con la carga negativa de una gestión nacional de la que es parte y cuyos niveles de desaprobación coquetean con el 80%. Todo un desafío, casi un error.

Raverta se abraza a Acción Marplatense para construir un relato vecinalista y amable de una ciudad soñada que no logran delinear. ¿Es el proyecto de Pulti en manos de Raverta? ¿Es Raverta usando a Pulti para tratar de alejarse de la gestión nacional?. No lo sabemos ni lo sabremos, quizás ellos no lo sepan o no les importe.
La campaña de Unión por la Patria es inexplicablemente confusa. Cómo ejemplo basta citar que el último spot apela a la obtención de un mundial de fútbol y la movilización popular que ese evento generó para lograr alguna reacción. Algunos dirán que intentan aprovechar algo que trascendió la lógica deportiva, pero en realidad es la muestra más clara de la confusión que reina en la coalición. Parece que no encuentran nada propio de su gestión digno para mostrarle al votante y tampoco se ponen de acuerdo en cuál es la definición de digno.
Sergio Massa intenta esconder su fracaso al frente del Ministerio de Economía mientras recorre el país repitiendo discursos propios de Alberto Fernández. ¿Cómo representar el futuro cuando estás atrapado en este presente?. Massa no puede desplegar sus alas de candidato. Intentaron “jugar” con la tipografía de la palabra Patria, algo imperceptible para el ciudadano promedio, casi tan absurdo como cuando hace solo 2 años creyeron que una campaña optimista venía a reemplazar el fallido intento de imprimir épica a la deficiente gestión de la pandemia. Sólo un exceso de oficialismo podría salvar el casi inexorable fracaso de esta aventura electoral y publicitaria.
Juntos por el Cambio es la única coalición cuya elección primaria pone en juego algo más que el orden de la placa televisiva del domingo 13 de agosto. Por un lado, Horacio Rodríguez Larreta nos propone hacer el cambio de nuestras vidas, y por otro Patricia Bullrich dice ser la fuerza del cambio. ¿Es solo una cuestión de formas?. No.
Larreta plantea que el cambio es con todos los que estén dispuestos a cambiar y Bullrich anticipa que el cambio es solo con los que ella cree que pueden acompañarla. No es una diferencia menor: Larreta intenta romper la lógica de la grieta incluso a riesgo de cruzar los límites auto impuestos por su misma coalición, mientras que Bullrich se aferra a la grieta casi como única estrategia de campaña. No es una discusión menor. Discuten un modelo de gestión y de país.
Ambas campañas están al menos desde lo estético a la altura de la contienda pese a que ninguna parece acertar con el discurso.

En la provincia no se explica por qué Diego Santilli y Néstor Grindetti encabezan dos propuestas distintas cuando entre ellos no existen diferencias. La única diferencia es que mientras que Bullrich debió presentar al público a Grindetti, Santilli poco menos que lo presenta a Larreta.
La presencia de Diego Santilli seguramente se incrementará junto con la de Horacio Rodriguez Larreta a medida que se utilice el argumento del “voto útil”: Santilli parece ser el único capaz de ganarle a Kicillof.
La Libertad Avanza se juega mucho en esta PASO. La expectativa generada en torno a la candidatura de Javier Milei debería verse reflejada en las urnas. Pese a un andar errático en el último tiempo, algunas encuestas lo siguen ubicando por encima del 20%, y no deja de estar presente el “sentir de la calle” (eso que se construye en el proceso de socialización).
En este contexto los spots de “La Libertad Avanza” giran en torno a un par de ejes básicos mientras las apariciones públicas son más propias de un “rock star” en decadencia que de un aspirante a la presidencia. Más allá de las opiniones, muchos empiezan a preocuparse nuevamente por el fenómeno que un buen resultado de Milei (por encima del 18%) representaría en el ecosistema político. Este fenómeno podría alcanzar nuestra ciudad. ¿Qué pasa si Milei es realmente un “fenómeno”?. Por lo pronto en Mar del Plata peligra una mayoría que algunos daban por descontada.
Quedan menos de dos semanas. Ya casi no hay tiempo.
PD: les pedimos disculpas porque nos pusimos un poco serios, pero la fecha lo amerita. Ya no es tiempo de quejarse: es tiempo de decidir.