Las opciones extremas reúnen la adhesión de un electorado agobiado. Las coaliciones con aspiraciones reales parecen enfrascadas en las formas y se olvidan del fondo. La gestión y la cercanía se devalúan a la velocidad del peso.
Hace algunos días se estrenó una especie de película sobre la irrupción del movimiento libertario encabezado por Javier Milei. Debemos confesar que en un principio el film resulta atractivo hasta que deja al desnudo la endeblez de muchas de las propuestas y la construcción de un relato por momentos delirante basado en una edición bastante tendenciosa.
NO ES UN SPOILER: Es imperdible la épica que se le imprime a un supuesto torneo de fútbol barrial obtenido por un equipo en el que supuestamente atajaba un joven y atlético Milei. Una verdadera joya del cine absurdo.
Pero más allá de las apreciaciones personales, la pieza audiovisual cumple su objetivo: estructurar un relato en torno a una figura que hace de la supuesta disrupción su único sostén político. Javier Milei es la suma de muchos personajes (o personalidades) que desembocaron en la creación de un “líder” de multitudes escuálidas y una coherencia política al menos discutible.
Todos tenemos un pasado así que no vale la pena repasar el suyo, ya que no es la intención de esta nota descalificar al candidato de La Libertad Avanza.
Según la RAE, el sustantivo disrupción, el adjetivo disruptivo y el menos frecuente verbo disrumpir son adecuados para aludir a un proceso o un modo de hacer las cosas que supone una “rotura o interrupción brusca” y que se impone y desbanca a los que venían empleándose.
En su momento la disrupción discursiva era patrimonio casi exclusivo de los partidos ligados al FIT. La Libertad Avanza justamente avanzó en ese terreno auto percibiéndose outsiders: mensajes efectistas elaborados por “gente como vos”. ¿Qué puede salir mal?.

El Frente de Izquierda perdió el toque por abusar del recurso. Es una cuestión de tiempo, también la ocurrirá a La Libertad Avanza. Incluso si alguno llegara al poder seguramente serian una desilusión para muchos de sus votantes.
El FIT y La Libertad Avanza simplifican el mensaje sin profundizar en metodologías ni en consecuencias. Sería algo así como elaborar un discurso en base a lo primero que se te ocurre frente a determinada situación. Aclaramos nuevamente que la intención no es menospreciar las posiciones de estás fuerzas políticas, todo lo contrario: sus propuestas invitan al debate y la reflexión. El problema es cuando se debate poco y se reflexiona menos.
Las fuerzas ligadas al FIT plantean por ejemplo la municipalización del transporte público y La Libertad Avanza propuso hace unos días eliminar el estacionamiento medido. Ambas propuestas son al menos discutibles, pero pueden ser el reflejo del pensamiento de un determinado grupo de personas: son efectistas pese a que para muchos no serían efectivas.
Cómo contraposición a esta búsqueda tenemos lo que ellos denominan el status quo, que no es otra cosa que aquellos que sabiendo de las dificultades de la gestión de la cosa pública prefieren decir muy poco para arriesgar mucho menos que sus propias palabras. Algún lector justificará la parsimonia en las dificultades propias de la administración, y seguramente le asista la razón, el problema surge cuando la sociedad está sobrepasada de frases hechas y de recorridas electoralistas que parecen más un PNT (publicidad no tradicional) de determinada empresa o evento que una acción política real.
La disrupción rompe con la monotonía del mensaje envasado, de los abrazos fingidos y de la cercanía lejana. Las coaliciones consolidadas abusan de un recurso ya vencido. Evitan pronunciarse sobre determinados temas y cuando lo hacen las diferencias parecen dirimirse inevitablemente en alardes de los ya mencionados caniches anónimos con vocación de dogo argentino. Se agotan en conventillos en redes sociales impropios de la magnitud del planteo.
Todo este parloteo viene a resumir que en esta campaña no abundan las propuestas sensatas, y cuando las hay son desvirtuadas y discutidas de una manera tan superficial que quedan reducidas a la dimensión de las ideas más absurdas. Todo parece ser casi lo mismo, pero la disrupción tiene el encanto de lo mágico: privatizar o estatizar, quitar impuestos o subir impuestos, casi siempre dos caras de la misma moneda. El simplismo al poder. Buscamos algo que nos saque del abismo, y el agotamiento nos lleva a creer en soluciones mágicas.
A esta altura hemos perdido la esperanza en cuanto a la expectativa de un debate a la altura del conflicto, quizás no por la incapacidad de los actores, sino por la dinámica de la discusión.
La confrontación continua y premeditada hizo mucho daño a los espacios de reflexión, la grieta fue la simplificación de algunos oportunistas para casi no discutir más allá de algunos supuestos valores que ambos bandos dicen defender.
¿Qué se hizo en los últimos años para redefinir el concepto de Nación que pende de un hilo tan delgado como la coparticipación? ¿Qué puentes se tendieron más allá de un clientelismo de elite para unificar un país desigual? ¿Cuánto se ha hecho para el desarrollo ordenado de una ciudad como la nuestra? La respuesta es: casi nada.

Las próximas elecciones PASO dejarán en evidencia el nivel de agotamiento social, los extremos jugarán su partido y quizás logren la atención de un electorado desencantado por esperar de aquellos que se dicen sensatos mucho más de lo que hasta aquí han al menos intentado.
La explicación al resultado del próximo 13 de agosto seguramente lo encontremos ayer, hoy o mañana, es casi lo mismo, vivimos en un loop. Todos debemos ponernos los pantalones largos.
Bienvenidos disruptivos, aunque en el fondo sabemos (y estos dos últimos años en el Congreso lo demuestran) que no son más que los extremos funcionales a un sistema que se cae a pedazos y que hace tambalear a toda una sociedad. Disculpen la crueldad.
Hasta la semana que viene. Quedarán sólo 14 días. Aunque parezca mentira todavía siguen estando a tiempo.