Juntos por el cambio encara un nuevo desafío electoral con muchas contradicciones que van más allá de las PASO. La disputa entre el diálogo y la negación del otro. Interna de final abierto con el PRO como protagonista y el radicalismo como partenaire.
En esta editorial comenzaremos a cumplir con parte de lo prometido, intentaremos adentrarnos en el análisis de la coalición electoral denominada para esta elección (recordemos que son alianzas transitorias de partidos) Juntos por el Cambio.
Ante todo, haremos un juego con las palabras:
1) Juntos se refiere a la colaboración, es una asociación, una unión; el acto de producir o hacer algo juntos. La colaboración puede tener lugar entre dos o muchas partes.
2) Cambio indica dejar una cosa o situación para tomar otra.
En definitiva, está coalición sería algo así como una asociación para lograr una situación distinta a la actual. Un slogan que se transformó en marca.
A nivel nacional la coalición es integrada entre otros por:
En la provincia de Buenos Aires se suman otros partidos:
En nuestra ciudad también son parte de la coalición, otras agrupaciones y/partidos como el partido Sumar de Santiago Bonifatti, y se dice que parte del socialismo brindará su apoyo más allá de las ideas y vueltas a nivel nacional.
Si analizamos el arco ideológico del frente encontraremos profundas diferencias, que hace unos años parecerían insalvables, pero se dejan de lado disfrazadas entre latiguillos como diálogo y consensos amplios.
La congruencia ideológica no es un tema menor: si los partidos miembros tienen ideologías afines o al menos un programa en común, la previsibilidad de la coalición sería un valor en sí mismo, por lo tanto, sus probabilidades de éxito serían mayores.
Reunir muchos “sellos” en pos de lograr “musculatura” (palabra absurdamente de moda en política) puede derivar en incompatibilidades serias a la hora de gobernar, pero la pésima utilización de las primarias por parte de los partidos políticos destrozó el tradicional sistema de partidos y logró que el supuesto objetivo común (llegar al poder) sea más importante que el día después (gobernar).
Lo más lógico sería que de una vez por todas nos demos la discusión de adoptar un sistema con características parlamentarias y no seguir intentando mezclar el agua con el aceite en este complejo ejercicio de primarias obligatorias que son internas distorsionadas.
Juntos por el Cambio cayó en su propia trampa, es más importante estar juntos (y cuantos más sean mejor) que el significado del cambio. Es complejo imaginar que Margarita Stolbizer tiene en mente el mismo cambio que Cynthia Hotton o que Alberto Asseff hable el mismo idioma que Elisa Carrio, pero la unidad se transformó en un valor y la ampliación en un objetivo.
Esas tensiones inevitables explican las rispideces en el escenario de las PASO. El PRO es el partido que de hecho comanda la coalición, desde que se planteó la interna entre halcones y palomas todos sabíamos que tarde o temprano las distintas fuerzas se irían acomodando en ese esquema.
El problema radica en que no alcanzan las aves para denominar a las distintas fuerzas. Y si pensamos en que los halcones son el ala dura y las palomas el ala blanda tampoco podríamos explicar por qué el radicalismo es halcón o paloma según la conveniencia, José Luis Espert sería un canario de la paloma Larreta, Petri sería un chimango filo radical, y así podríamos exprimir el chiste hasta el hartazgo.
Si nos referimos estrictamente a los armados nacionales la candidatura de Patricia Bullrich parece contar con menos apoyos que la de Horacio Rodríguez Larreta.

La presidenta del PRO en uso de licencia es poco menos que la protectora del legado de Mauricio Macri y Larreta el “traidor” que intenta hacer lo que propuso Macri en 2015. Resumiendo, son dos caras de una misma moneda, ambos representan a distintos Macri.
La ex ministra optó por el camino de una supuesta intransigencia que se confunde con desconocer al que opina distinto y el jefe de gobierno porteño eligió tejer acuerdos políticos electorales pese a que los protagonistas piensen distinto entendiendo que es necesario ampliar el espacio.
Más allá de la infinidad de encuestas que circulan por distintos medios la contienda debería ser reñida. Es difícil predecir el escenario de una PASO porque son muchas elecciones dentro de una misma elección, por eso es que las mediciones arrojan resultados dispares. Una parte importante del electorado no está inmersa en el frenesí en el que estamos nosotros, y para ellos Larreta, Bullrich, Milei y Massa son más o menos lo mismo.
En la provincia el pre candidato a gobernador elegido por Bullrich y Macri la tiene bastante complicada. Néstor Grindetti es intendente de Lanús en uso de licencia que tomó para presidir al Club Atlético Independiente. En otra línea de tiempo quizás sería un escándalo, pero a la política le encanta despilfarrar poder simbólico hasta casi quedarse sin nada. Grindetti enfrentará al pupilo de Larreta: Diego Santilli, que de no insistir en auto apodarse “colo” para humanizarse nadie lo llamaría así, le diríamos Diego o simplemente Santilli.

Diego Santilli encabezó la lista de diputados que le ganó al Frente para la Victoria hace sólo 2 años. Ese triunfo es su carta de presentación y su principal capital política, más allá de una interesante capacidad de tejer alianzas con sectores dispares. En aquel entonces estuvo acompañado luego de las PASO por Facundo Manes. Y aquí se abre un nuevo nivel de análisis: qué le pasó al radicalismo que pasó de competirle al PRO a secundarlo en ambas listas.
Es difícil de explicar la interna de la UCR. El radicalismo cumplió con sus rituales y llevó adelante convenciones tanto en la provincia como a nivel nacional. En ambas reuniones se destacó la importancia de competir y disputarle el liderazgo al PRO. En ambas reuniones se plantaron candidaturas y se designaron negociadores. Pero en los hechos amabas reuniones quedaron reducidas poco menos que a una expresión de deseos.
Facundo Manes declinó a su pre candidatura presidencial, desoyó a la orgánica provincial y rechazó a Larreta y Bullrich. Gerardo Morales dejó a un lado sus intenciones de ser el presidente que daría vuelta la Argentina para ser el vice de Larreta. Gustavo Posse no insistió en su postulación a la gobernación para ser el vice de Santilli. Maximiliano Abad archivó su candidatura para disputar la gobernación para casi ser el vice de Bulrrich y terminar encabezando la lista de Senadores Nacionales por la Provincia de Buenos Aires por el sector que comanda la ex ministra de la Alianza. En otras palabras, el radicalismo quedó “partido” de hecho. Seguramente el tiempo y el resultado curarán las heridas.
En otras provincias la situación es distinta. en Santa Fe dos dirigentes de reciente incorporación al radicalismo, uno paloma y otro halcón, están protagonizando una campaña vergonzosa, parecen ser parte del problema y no parte de la solución. El PRO estuvo a un paso de ganar la provincia hace unos años de la mano de Miguel del Sel, allí encontramos en parte la explicación del repliegue de los “amarillos”.
En nuestra ciudad el panorama es más simple: Guillermo Montenegro impuso su modelo de gestión que no es precisamente un gobierno de coalición sino una gestión compartimentada centralizada en la figura del Intendente. Cada partido integrante de la coalición participa ocupando algún o algunos cargos, pero las decisiones son potestad exclusiva del alcalde y su equipo.

La lista de concejales que acompañará a Montenegro es equilibrada. La duda es la real vocación del intendente por ir a buscar la reelección. En parte logró su objetivo que era no jugar la interna de su partido, pero la consolidación del acuerdo entre Gustavo Pulti y Fernanda Raverta no deja de ser una amenaza. La coyuntura obligó a Montenegro. Seguramente lo negarán, pero hay muchos indicios que lo confirman.
De esta manera terminamos el recorrido por Juntos por el Cambio. Seguramente nos quedamos cortos en el desarrollo de algunas perlitas internas, pero aún falta 40 días para las las PASO y a veces hay que aprender a administrar la info chequeada.
La semana que viene seguiremos sobrevolando los distintos frentes electorales. Hasta la próxima.