Las principales coaliciones corren serio riesgo de fractura. Larreta sacudió el momentum de Bullrich y desafía el liderazgo de Macri. Sergio Massa tiene en sus manos el destino del Frente de Todos. En Mar del Plata casi todos la miran por televisión. El 14 de junio es la fecha clave.
Ante todo, pedimos disculpas por manipular la frase extraída del testamente político de Leandro N. Alem para trata de explicar la coyuntura política. Alem escribió antes de terminar con su vida una carta que decía, entre otras tantas cosas: “Para vivir estéril, inútil y deprimido, es preferible morir. ¡Sí, que se rompa, pero que no se doble!.
Lo lógica de Alem es la antítesis del junco, que se dobla pero nunca logran romperlo (como metáfora de resiliencia). En política doblarse implica renunciar a las ideas, de hecho, en otro párrafo el prócer radical indica: “si me engaño a este respecto (en relación a sus valores), será una desgracia que yo ya no podré ni sentir ni remediar”.
Esta posición permite desandar múltiples interpretaciones. Descontextualizar a los fines de extrapolar las palabras de Alem sería un desatino. Pero la posible ruptura de las 2 coaliciones electorales más importantes de nuestro sistema político nos debería interpelar. ¿Por qué están al borde romperse? ¿Los valores son tan importantes para la dirigencia política? ¿Será que se han doblado demasiado jugando a ser junco o será que los vientos (intereses) son cruzados?.
Como adelantamos el lunes la crisis de Juntos por el Cambio dejó de ser una escaramuza propia de cualquier escenario electoral, que incluso pudo ser beneficiosa para el conjunto, y se transformó en un enfrentamiento con final abierto. La fecha clave para esta coalición es el 14 de junio, el día que se inscriben las alianzas. La discusión escaló mucho más allá que la simple disputa de cargos expectantes en determinada lista: en Juntos por el Cambio la puja es mucho más profunda y va más allá de un liderazgo ocasional.
Esta crisis dejó en ridículo a las miles de elucubraciones que muchos de nosotros balbuceamos sin dimensionar el problema de fondo, pero también dejó en evidencia la falta de comprensión o de lectura política de buena parte de los actores. Hasta hace una semana se agitaba el fantasma de Javier Milei para intentar una lista unidad de cara a las PASO o habilitar a tal o cual intendente a no tomar partido. No comprendimos que la disputa es entre dos modelos incompatibles.
Horacio Rodríguez Larreta viene construyendo su candidatura presidencial desde que asumió su último mandato al frente de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En esa construcción amplió el difuso límite ideológico de una alianza que nunca los tuvo. La falta de definiciones políticas que vayan más allá de una serie de valores propios de una revista infantil sumado al enfrentamiento absurdo y constante con el kirchnerismo como único recurso, derivaron en esta situación caótica. Están juntos solo para arrebatarle el poder al otro.

El jefe de gobierno porteño desafió el liderazgo de Mauricio Macri en silencio, tejió sigilosamente una serie de acuerdos que lo posicionaban como el sucesor natural del ex presidente. Toda parecía funcionar hasta que el fundador del PRO decidió intentar poner las cosas en su lugar y entró a “jugar” en todos los terrenos donde Larreta había sembrado su estilo conciliador.
Macri impuso un candidato con su apellido en CABA, cuando el acuerdo de Larreta con el radicalismo porteño es indisimulable, impulsó la candidatura de un hombre de su extrema confianza para disputarle la provincia a Diego Santilli, se alineó con el radicalismo más cercano a Ernesto Sanz para catapultar a Carolina Losada como gobernadora de Santa Fe en detrimento de la figura de Maximiliano Pullaro, e incluso coqueteó con no apoyar explícitamente a Luis Juez en Córdoba, entre otras trapisondas.
Mauricio Macri acuño a su medida la frase “somos el cambio o no somos nada”. Él es el cambio, y traslada esa virtud a Patricia Bullrich, mientras que Larreta es nada. El cambio tal como lo plantea Macri es maniqueísmo en estado puro. Es la lucha del bien contra el mal, y la nada sería algo como el espacio destinado a los tibios. “Así, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” Apocalipsis 3:16.
En pleno momentum de Patricia Bullrich, y cuando parecía que la obra del ingeniero comenzaba a inclinar definitivamente la balanza, Horacio Rodríguez Larreta pateó el tablero.
La (im)posible inclusión de Juan Schiaretti, otrora socio político de Macri, es mucho más que la suma de un nuevo espacio. El cordobés manifestó públicamente que no sería parte de Juntos por el Cambio, pero no negó la posibilidad de conformar un nuevo frente: “una nueva mayoría capaz de impulsar los cambios de fondo que el país necesita”. Larreta aglutinó a buena parte de las fuerzas que componen hasta hoy Juntos por el Cambio y con la adhesión de nuevos partidos pretende reconfigurar la coalición opositora. El macrismo parece aislado. Mientras tanto el radicalismo disimula su feroz interna siendo funcional al desorden del PRO.
Muchos vinculan esta arriesgada estrategia a Guillermo Seita, un consultor político y empresario cercano a muchos de los actores en pugna, incluso supo estar cerca de Facundo Manes y hasta del mismísimo Mauricio Macri. Seita es un apellido conocido y con muchos contactos en la ciudad de Mar del Plata. Un cultor y constructor de la tercera vía.
Creer que a Larreta lo mueve sólo la vocación es una lectura simplista y errónea. Macri y Larreta se están disputando un liderazgo que va más allá de las aspiraciones presidenciales del actual mandamás de CABA. La interna del PRO, trasladada a todas las fuerzas que componen Juntos por el Cambio, es una disputa de poder en donde ninguno es inocente. No se rompe porque no se debe doblar, se rompe porque cada uno intenta doblarlo de acuerdo a su conveniencia. Lejos del pensamiento del Alem pero mucho más cercanos a la lógica del junco pero expuesto a vientos huracanados.
Hablar de nombres propios o intentar adivinar el futuro de político de Guillermo Montenegro es algo que al día de hoy parece imposible. Luego del cierre de la inscripción de las alianzas quedarán solo 10 días para reorganizarse, alinearse o barajar y dar de nuevo.

La interna en el Frente de Todos parece más sencilla. El súper ministro Sergio Massa insiste en su proyecto presidencial, Cristina Fernández de Kirchner bendijo a Wado de Pedro y Alberto Fernández resucitó al peronismo no kirchnerista encontrando a Daniel Scioli como un jugador de toda la cancha que parece dispuesto a dar pelea.
En esta vereda todos esperan con ansias el 10 de junio, fecha en la que se realiza el congreso del Frente Renovador. Quizás sea Massa quien tenga en sus manos el futuro del frente tal cual lo conocemos: Sergio Massa puede pegar un portazo por no ser ungido como candidato único y ponerle fin al Frente de Todos, o puede quedarse en el espacio dilatando la definición sobre el perfil de la oferta electoral hasta el 24 de junio.
Lo cierto es que la ruptura es una posibilidad, y en este caso debemos volver a recurrir a la lógica del junco. El problema no es que se doble, sino para qué lado se inclina. Las diferencias ideológicas entre los distintos actores del FdT también parecen insalvables, pero en este caso los une tratar de mantener al menos una cuota de poder.

Intentar aventurar la suerte de Fernanda Raverta de cara a las PASO o buscar posibles nombres propios para acompañarla o enfrentarla es también imposible.
Las definiciones políticas de cara a una elección pocas veces estuvieron tan alejadas de los escritorios de los dirigentes locales. Nada se puede aventurar salvo algunos deseos cada vez más evidentes de dar vuelta la página de algunos funcionarios e incluso del intendente, pero el caos es tal que resulta imposible correrse de las opciones.
Todos están presos de sus indefiniciones pasadas y de lo endeble de sus construcciones políticas. Quizás sea una oportunidad para comprender que la política se debe hacer de cara a la gente, porque de no ser así, siempre estarán atados de pies y manos a las decisiones ajenas.
Son épocas de mucho viento, y el panorama parece sombrío.
Si algo nos queda en claro es que ya no quedan políticos incapaces de soportar su frustración y dispuestos a romper, incluso con su vida, con tal de no doblarse, parece que sólo quedan muchos oportunistas dispuestos a doblarse lo suficiente como para que el junco se rompa solo cuando les conviene.
Hasta la semana que viene.