El lado oscuro de la política

El lado oscuro de la política

El amedrentamiento al concejal Daniel Núñez ocupó el centro de la escena, incluso eclipsó una nueva delegación de facultades al Ejecutivo para aumentar el boleto y la pugna por El Marquesado. Una medida judicial impide a funcionarios acercarse a concejales oficialistas. Desde la oposición exigieron a Montenegro que se involucre.

2 de mayo de 2023

En los últimos días el repudio a la violencia como herramienta política volvió a ocupar el centro de la escena mediática en nuestra ciudad, incluso logró acercar las bancas separadas por una grieta imaginaria en el recinto del Concejo Deliberante.

 

El reparto de las ubicaciones por bloques funciona así desde que el mundo es mundo, de allí surge la denominación de izquierda y derecha para identificar determinadas ideas, pero qué distinto sería si la conversación pudiera, incluso desde lo gestual, un esquema más horizontal.

 

Más allá de las cuestiones de forma, la política cambió. En las últimas décadas ese cambio se hizo muy evidente. Por algún motivo los políticos dejaron de lado su costado más humano y se transformaron en productos: aceptaron ese rol y trabajan día a día para reforzarlo. Una muestra del fracaso de esta fórmula autoimpuesta es que no conocemos las voces y nombres de más de una decena de concejales y apenas identificamos por sus caras a unos pocos funcionarios.

 

Lo efímero le ganó a lo importante. Las métricas le ganaron a la realidad. Una visita a un grupo de vecinos se trasforma en un hecho “prensable”. Es aquí en donde surge el problema, sobran los nombres propios para que lector entienda a lo que nos referimos: los políticos dejaron de hacer política, ahora hacen campañas infinitas o al menos lo intentan, pero se olvidaron en base a supuestos paradigmas exitosos repetidos por sofistas matriculados que la política es otra cosa.

 

Esta situación generó un vacío. ¿Nadie se pregunta por qué fallan los estudios cuantitativos?. Les dejamos esa tarea para el hogar.

 

El vacío en política siempre es ocupado, es una de las máximas consideradas antiguas, pero es tan cierta como comprobable, y cuando encuentra de aliado a la necesidad se transforma en una triste realidad.

 

En los bordes de la política siempre existieron los oportunistas, y los políticos se creyeron superiores a la hora de contar con sus servicios. Esas personas hacen valer una supuesta capacidad de movilización para un determinado fin (en el mejor de los casos electoral). En un momento fueron una especie de intermediarios entre los vecinos y los políticos ante la retirada de estos últimos. Algún desprevenido dirá por qué los llamamos oportunistas y no altruistas, simplemente también lo dejamos a consideración del lector.

 

Hasta aquí nos quedamos en los oportunistas: sujetos periféricos al poder que de alguna manera se servían de éste para obtener ciertos beneficios. Incluso esta lógica fue convalidada por la mayoría de las estructuras partidarias de la mano de los famosos “aparatos partidarios”. De allí surge que tal o cual partido puede “ganar la calle” o generar “respeto” (le dicen miedo puertas adentro). La política se transformó en un relato donde la subordinación y la obediencia de los oportunistas fue un componente indispensable.

 

Pero como dijimos, un día la necesidad hizo su entrada a la escena y encontró en algunos de aquellos oportunistas predisposición para la construcción de un aparato transpartidario (que alcanza o cruza a más de una estructura política partidaria). Los que en algún momento se mofaron de contener a los inocentes oportunistas de antaño se dieron cuenta que los oportunistas de hoy son los que estarían controlando la situación.

 

Hay un personaje en la ciudad que es repudiado por casi todas las fuerzas políticas. Radicales y peronistas se ponen de acuerdo en tildarlo como un gestor de la pobreza y no dudan en afirmar que apela a la prebenda con el objetivo de lograr sus objetivos personales y políticos. Este oportunista se habría transformado en algo más que una amenaza, ya sería un peligro.

 

Según cuenta el relato no le tiembla el pulso a la hora de amedrentar a concejales o funcionarios, patear la puerta de sus despachos, escracharlos incluso cuando están con sus familias y amenazarlos con acciones directas. Resulta increíble que el sistema político local no tenga los anticuerpos para enfrentar este peligro que retratan: ¿cómo no se dieron cuenta de este peligro inminente?. ¿Cómo no son capaces de evitar la coacción?.

 

Pero esta historia tiene un giro inesperado, estos nuevos oportunistas apuestan a disputar espacios dentro de las filas partidarias y sindicales, rompieron el lazo de obediencia que alguna vez tuvieron sus antecesores y utilizarían métodos repudiables para hacerse un espacio en la disputa del poder real.

 

Es increíble que, según cuentan los mismos protagonistas, algunas de las personas de confianza de este sujeto se hayan ganado un lugar como funcionarios municipales, más aún cuando uno de los enemigos del nuevo y vigoroso oportunista es el principal socio político del Intendente.

 

En las últimas internas de la Unión Cívica Radical, en las que se eligieron autoridades partidarias locales, se vivieron situaciones indescriptibles según comentan las paredes de los pasillos del deliberativo. Pese a que esta situación tomó estado público, Montenegro sostuvo en sus cargos a los funcionarios cuestionados, incluso cuando la relación con el máximo referente del radicalismo gozaría de muy buena salud.

 

La política es una herramienta que en las manos adecuadas puede cambiar la realidad de cientos de miles de marplatenses y batanenses.

 

Poco importa si la relación con los oportunistas fue alguna vez una anécdota cuidadosamente estudiada y repetida para generar fascinación o respeto: según relatan muchos referentes de distintos partidos políticos locales, las alertas se encendieron porque la violencia es real y la están padeciendo.

 

La política local grita mientras calla que los oportunistas van por todo: ¿quién los sostiene? ¿a quién le conviene? ¿a quién son funcionales?.

 

Los marplatenses y batanenses no queremos vivir en una ciudad en la que algunos funcionarios no pueden acercarse a menos de 200 metros de algunos legisladores por una restricción impuesta por la justicia: queremos vivir en paz, seguros e intentando ser cada vez mejores.

 

La realidad tarde o temprano siempre supera al relato. Bienvenidos al lado oscuro de la política.

 

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