En el mundillo fútbol, Manaos le puede ganar a Coca Cola

En el mundillo fútbol, Manaos le puede ganar a Coca Cola

Desde la disputa filosófica se establece una dualidad futbolera que parteaguas, una mirada del deporte que profundiza una grieta existencial. ¿El fútbol es un trabajo? ¿Un equipo entrena o trabaja?.

1 de mayo de 2023

El vínculo fútbol –trabajadores genera un profundo debate entre todos sus protagonistas, un intercambio de ideas que abarca y contiene en sus diferentes aristas tanto a los jugadores amateurs como a los profesionales que ganan sumas desorbitantes en el marco de contratos millonarios.

 

“El fútbol ha evolucionado desde sus comienzos. Los futbolistas, con diversas luchas han conseguido a lo largo de su historia los derechos laborales que los reconocen como trabajadores. La cuestión conflictiva se inicia al tratar de equipar la construcción de un equipo de fútbol con la dinámica de producción capitalista. El fútbol es un juego y como tal tiene otra matriz y otro destino”.

 

Comparto, aquí en esta columna, la crónica completa de Gustavo Galera, un sentipensante con conocimiento de causa, un psicoanalista que, a través de sus experiencias tanto dentro como fuera de una cancha, nos invita a repensar y a reflexionar todo lo que pasa en el mundillo fútbol, un lugar donde, por ejemplo, Manaos le puede ganar a Coca Cola.

 

Fútbol y trabajadores

 

El primero de mayo se conmemora el día internacional de los trabajadores. En el mundo del futbol la idea de que el futbolista es un trabajador tardó muchos años en imponerse.

 

Pensar que el futbolista tiene derechos laborales es una idea que aun hoy muchos sectores de la sociedad miran con cierto recelo. Aunque en lo discursivo reconocen que, en la lógica de esta sociedad capitalista, el futbolista asume responsabilidades y obligaciones en su relación con los clubes, y con las asociaciones nacionales e internacionales. A la hora de reclamar sus derechos, cuesta que se reconozcan los mismos y ciertos planteos indican que deben acatar lo que se les impone sin ningún reclamo y mucho menos oponerse desde una mirada crítica.

En nuestro país se sucedieron a lo largo de la historia una serie de huelgas que permitieron que los futbolistas adquirieran los derechos propios a su actividad profesional y laboral. La primera huelga, histórica, con el comienzo del «profesionalismo”, fue el 11 de abril de 1931.

 

La más significativa de toda data de noviembre de 1948. Demandas por la mencionada profesionalización, los derechos; vacaciones, libertad al finalizar un vínculo contractual, reconocimiento a Agremiados, la entidad sindical. En marzo de 1971 los reclamos estaban orientados a que se reconociera el estatuto del futbolista. Cuatro años después Agremiados convocó a una huelga por la firma del Convenio Colectivo de Trabajo. Estos conflictos entre los futbolistas y la AFA implicaron para muchos de ellos consecuencias. Por ejemplo, haber tenido que emigrar a otros países para continuar su actividad. Lo cual demuestra que los logros obtenidos en la adquisición de derechos tuvieron sus actores principales en los propios futbolistas, muchos reconocidos y otros anónimos por los cuales hoy la relación laboral los reconoce como un trabajador profesional.

 

La cuestión que surge en relación al futbol y al trabajo es para adentro del mundo del fútbol. Cuando por trabajo equiparamos al futbolista como un obrero como si trabajara en una fábrica, ocupándose de una tarea específica y donde el fútbol es un producto que se va a desarrollar eficientemente si todas estas partes funcionan de manera coordinada. Para muchos esta mirada del fútbol y del futbolista, atentan contra la belleza, la creatividad y la espontaneidad que un buen futbolista o el fútbol en general requieren para que los equipos jueguen respetando los principios del mismo.

 

El fútbol como trabajo se contrapone con la idea del fútbol como espectáculo creativo e impredecible. En determinados momentos y por circunstancias pocos comprensibles, el peor equipo le puede ganar al mejor equipo. Dando por tierra toda racionalidad que implica el trabajo organizado de una fábrica. Si en una fábrica tengo mejores trabajadores y mejor maquinaria voy a producir sin duda mejores productos y en más cantidad. En la lógica del futbol esto no se cumple. Y un día en un enfrentamiento futbolero Manaos le puede ganar a Coca Cola, cuando en la lógica de producción capitalista eso es imposible. 

 

El fútbol más allá del negocio que genera. Los contratos que su actividad establecen a lo largo y a lo ancho de toda la estructura que los torneos nacionales e internacionales propician. El futbol no deja de ser un juego y el que mejor lo juega es el que gana generalmente. Inclusive muchas veces el accionar creativo de un solo futbolista alcanza para lograr una diferencia en el resultado de un partido.

 

El fútbol es un deporte que como todo deporte es un juego, no podemos soslayar esta premisa. Cuando se lo quiere transformar a partir del pensamiento neoliberal en un producto en serie para ser consumido por los clientes, se pierde de vista que esto no es posible. Que lo impredecible, creativo cargado de emotividad que tiene todo juego no se logra a través de las reglas que impone la producción. Por eso cuando un entrenador para hacer referencia a entrenar y resolver las dificultades que está teniendo en un torneo dice “vamos a trabajar en eso” sus dichos equiparan el trabajo al esfuerzo y en el juego el esfuerzo solo no alcanza.

Un equipo malo por más esfuerzo o trabajo que realice no logrará convertirse en un buen equipo. Tiene que aparecer en ese entrenamiento otras particularidades importantes. Las mismas tienen que ver con la técnica, las relaciones grupales, la confianza que cada futbolista tiene que tener para intentar una jugada que nada tiene que ver con la repetición. Por eso en el fútbol el discurso de las neurociencias ha caído tan bien, ya que promete partir de estímulos neurocognitivos para lograr una mejora en la prestación futbolística. Confirmando ridículamente que hay una forma de producir en serie mejores futbolistas. La pregunta frente a esto que derrumba esta falacia es la siguiente: ¿Por qué los futbolistas de condiciones inigualables y únicas surgen en países periféricos donde el niño empieza a jugar a la pelota para luego hacerse futbolista? Esto acontece sin ninguna ayuda de la ciencia o su hija la tecnología.

 

Si el fútbol fuera un trabajo en los términos de producción y el futbolista podría generarse en serie con el aval de las neurociencias y otros saberes científicos, los mejores futbolistas no serían de Sudamérica o de África y los grandes capitales a partir de las empresas producirían futbolistas talentosos en serie para sus equipos, en los lugares donde los clubes residen.

 

Por último, el fútbol genera un fenómeno desde lo emotivo que no puede reducirse a ninguna de las formas en las cuales se vincula la sociedad en términos económicos ni de producción. El amor por un club y por una selección producen un plus que afecta tanto la vida de los individuos como a la sociedad en su conjunto.

 

El futbolista en pos del desarrollo de su carrera no busca un trabajo, busca trascender de su origen disfrutando al mismo tiempo del juego que tanto ama. El dinero es parte del reconocimiento que se alcanza en el fútbol profesional, pero nadie llega a ser alguien futbolísticamente buscando dinero. Lo que se busca es ser el mejor jugador posible.

 

Gustavo Galera.

Psicoanalista, ex futbolista, director técnico

Conductor junto a Mario Giannotti del programa Doble Cinco en Radio Universidad de Mar del Plata/ FM 95.7

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