Breve manual para interpretar la mala praxis legislativa

Breve manual para interpretar la mala praxis legislativa

La grieta, las deserciones y las mayorías ocasionales atentan contra el trabajo legislativo. ¿Por qué es tan difícil elaborar políticas públicas en base a acuerdos políticos?. Una ciudad espera, aún sin saberlo, un gesto de madurez.

3 de abril de 2023

La ausencia de intercambios protagonizada por los concejales en la primera Sesión del Período Ordinario nos obliga a intentar comprender el fenómeno de la falta de consensos, más allá de los caprichos de los protagonistas.

 

Algunos ediles oficialistas repitieron una frase que quedó rebotando en las paredes del recinto: “Nos traen los expedientes a patadas”, dijeron, en clara referencia a que algunos proyectos llegan aprobados por distintas comisiones internas pero sin los consensos necesarios. ¿Cómo es esto posible?.

 

El Concejo Deliberante está compuesto por 24 concejales. Se renuevan por mitades cada 2 años. Cada fuerza política conforma un bloque, interbloque o unibloque dependiendo de la dinámica de trabajo.

 

El bloque de concejales del Frente de Todos tiene 9 miembros. Es el bloque partidario más numeroso.

 

El Interbloque oficialista tiene 11 votos: está compuesto por el bloque de la UCR, la Coalición Cívica y Vamos Juntos. Cuenta con el bonus del voto doble de la Presidencia en caso de empate.

 

Nicolás Lauria y Alejandro Carrancio conforman, más allá de algún entredicho, 2 unibloques: Creciendo Juntos, que sería un desprendimiento del Partido Fé, y Crear, partido que nació como una expresión vecinalista y ahora ruge al ritmo de Milei.

El bloque de Acción Marplatense cuenta con 2 concejales producto de la elección de 2019.

 

Oficialistas y opositores están en un escenario de paridad que suele romperse por el pendulante andar legislativo de Nicolás Lauria quien incluso en absoluta minoría logra marcar el destino de alguna iniciativa.

 

Tanto Lauria cómo Carrancio llegaron a sus bancas de la mano de Montenegro. Ambos tuvieron fuertes cruces con el alcalde y tomaron distintos caminos. Algunos desprevenidos podrían pensar que de no mediar esos enfrentamientos el oficialismo contaría con 13 votos. Sólo los unía la conveniencia, la ruptura era inevitable.

 

La clave para entender aquella frase que repitieron algunos oficialistas está en la conformación de las comisiones internas. En el ámbito del H.C.D hay 2 comisiones que son claves: Hacienda, Presupuesto y Cuentas y Legislación, Interpretación y Reglamento.

 

La comisión de Hacienda, Presupuesto y Cuentas está integrada por 9 concejales. Es presidida justamente por uno de los dos díscolos que se apartaron del oficialismo abruptamente, Nicolás Lauria. La oposición tiene 4 votos (3 de FDT y 1 de AM) y el oficialismo también cuenta con 4 votos.

 

Le corresponde a esta Comisión, dictaminar sobre el Presupuesto General de la Municipalidad, Cálculo de Recursos, impuestos en general, autorización de gastos, rendición de cuentas, exención de impuestos, legados, donaciones y todo asunto referente a la hacienda pública.

 

La comisión de Legislación, Interpretación y Reglamento también tiene 9 integrantes. Es presidida por el radical Daniel Núñez. La oposición tiene 5 votos (4 del FDT y 1 de AM) mientras el oficialismo cuenta con 4 votos.

 

Le corresponde a esta Comisión dictaminar en todos los proyectos o asuntos que traten modificaciones o interpretaciones del Reglamento Interno y Ordenanzas entre otras tantas funciones.

 

La mayoría de los expedientes tiene giro a alguna de estas dos comisiones, o incluso a las dos. Más allá de la comisión de origen existe un filtro lógico que en materia de afectación presupuestaria intervendrá la comisión de Hacienda y en materia de vínculos legales de la Municipalidad actuará Legislación.

 

En los últimos días se hizo referencia a un proyecto de la concejala del Frente de Todos Virginia Sívori, en relación a eliminar el sistema de contribución por mejoras en caso que las obras se financien con fondos provenientes de Nación o Provincia. Si el FDT lograr acordar con AM el proyecto llegará al recinto, pero si no logra acordar con Lauria la iniciativa quedará en nada.

 

Los mismo ocurre con el pliego de bases y condiciones para licitar el Transporte Público y tantos otros temas.

 

Los acuerdos de la oposición en las comisiones permiten que los expedientes lleguen al plenario “a las patadas”, pero ya en recinto al oficialismo le basta acordar con algún bloque minoritario para impedir la sanción, en otras palabras bloquearlos.

 

No es menos cierto que las comisiones de Hacienda y Legislación funcionan como un filtro implacable cuando los proyectos son del oficialismo, a menos que lleguen con un acuerdo de gobernabilidad como el caso del presupuesto con AM.

 

Toda esta tediosa explicación sirve de justificación (o no) a la ausencia total de intercambios racionales que existe en el H.C.D. En épocas de grieta el enigma se deposita solo en la aritmética. El trabajo legislativo se reduce a la mínima expresión. Todos juegan a hacer valer los votos. No se escuchan, a veces ni se miran.

 

No vamos a adentrarnos en la inexplicable fórmula utilizada para la conformación de las comisiones, que se basa en el volumen de los bloques y no en la cantidad de votos de las coaliciones. ¿Cuántos votos obtuvo Creciendo Juntos? Qué sería de algunos si no existiera la rosca.

 

En definitiva este breve manual para interpretar la mala praxis legislativa no hace más que dejar en evidencia que los que nos representan se miran al espejo más de lo que recomienda el sentido común.

 

Hasta la próxima.

 

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